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Número 37

EL maldecir

Suena el teléfono justo en el momento en que Shim se encuentra pensando que los teléfonos suenan, y que en cambio las llaves no cierran ni abren, o no debería decirse así si uno quiere expresarse bien.

Que tal vez esté bien decir que el lavarropas lava o anda -bien o mal-, pero no que la máquina escribe.

Y que, en rigor de verdad, el bien decir no es lo opuesto al maldecir; ni siquiera van en el mismo sentido.

Algunas formas le hacen ruido.

Casi no llega a atender. Es un amigo.

Necesita pedirle que le cuide la casa por unos días en los que se va de viaje.

Shim acepta.

Una de las cosas que lo perturba excitándolo, lo eyecta y lo cautiva, que le da y no le da ganas de, es entrar a un lugar conocido cuando no está el dueño.

Le permite abstenerse de revisar lo que no es suyo.

Es necesario atesorar un espíritu verdaderamente pantanoso para tomar una jarra de la alacena, llenarla de agua y regar las plantas de otro, sin intentar siquiera reacomodar la pila de cacharros desordenados alrededor.

Por el contrario, empuja alguna olla con el índice hasta ubicarla en la posición que tendría que haber tenido antes de verla.

Odia la idea de confianza, lo complica.

Regresa molesto a su casa, siente algún ahogo, le vuelve un antiguo dolor.

Cree poder descifrarlo algún día.

O sacárselo de encima sin miramientos.

Está por abrir la puerta cuando advierte que ya está abierta, sin llave.

Aunque siempre esté todo revuelto y muchas veces siente que le faltan cosas, nota que todo está revuelto, que le faltan algunas cosas y que Octubre no está.

-La mismísima reverendísima mierda - grita entre dientes, desesperado, encarando la salida.

Sabe hacia dónde quiere ir y sin embargo no puede corregir la carrera que lo dirige hacia la casa de su vecina, Sofía, la que vive en el fondo.

Nada menos deseado en este momento que encontrarse con esa vieja turbia.

Sofía es viejita, no vieja.

Y no es turbia, es transparente, pero de una gracia oscura.

Murmura un árabe adormilado mientras teje crochet y escucha una exclusiva frecuencia de radio.

Un conjunto de olores picantes arden y explotan en el aire.

Ella lo estaba esperando.

Nora Martinez