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Número 36

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“Cherokee” era originalmente una canción que llegó al puesto 15 de éxitos pop en la versión de la Charlie Barnet Orchestra, a poco de ser escrita en 1938.

Todavía entonces el jazz era una música bailable y alegre, casi infantil, que tocaban unos simpáticos y mal pagados negritos para que se divirtieran algunos simpáticos blancos.

Unos años después – no muchos, apenas cuatro o cinco – algunos de los simpáticos negritos empezaban a juntarse, después del trabajo con sus respectivas orquestas, en algún club muy de madrugada, y, a puertas cerradas, agarraban una canción que todos conocían (pongamos por caso “Cherokee”), y empezaban a tocar sobre ella cosas cada vez más complicadas, cada vez más rápido.

Estaban transformando el jazz en una música que ya no se podía silbar ni bailar, que dejaba de ser infantil para ser una cosa de machos.

Para entrar ahí tenías no solamente que saber tocar, sino tener muchos huevos, ser negro y además tenerla grande.

Porque ahí adentro se medían la pija.

La leyenda conocida cuenta que a Charlie Parker lo sacaron a patadas cuando tenía 17 años y no volvió hasta haberse dedicado durante meses a practicar “Cherokee” en todas las tonalidades y tocarla lo más rápido que podía.

Tanto laburó Parker que algunos de los temas que después grabó y lo hicieron famoso tienen los mismos acordes que “Cherokee” (“Laura” y “How high the moon”, por ejemplo).

La canción en sí es sencilla, pero tiene muchos cambios de acordes.

Una catarata de II-V's cromáticos que a velocidad normal no presentan problemas, pero que cuando ponés cuarta pueden hacer que te estrelles a los cinco segundos.

Durante una fallida gira americana en 1946, Django Reinhardt paseaba por los bares de negros cuando escuchó a un grupo de be-bop tocando uno de los temas de Parker y comentó “¡Cómo tocan Cherokee estos tipos!”. Cuando Clifford Brown graba “Cherokee” en 1955 todavía no tiene 25 años.

Su versión tiene la misma línea estilizada e imponente que una Ferrari clásica.

Arranca sin ruido y acelera a fondo con la efectividad de un motor de carreras.

Navega todos los cambios de acordes tomando cada curva con una suavidad pasmosa y sin soltar el acelerador ni una sola vez.

Mete cambios, saca chispas, prende cohetes y fuegos artificiales con una mano mientras con la otra sostiene, firme, el volante.

Es un negro pijudo subido a un bólido rojo incandescente.

“No lo intentes en casa”, parece que te estuviera diciendo.

Pocos meses después de cumplir los 25 años Clifford se hace pelota en un accidente de auto.

La ironía casi da risa.

En la adorable traducción española de su autobiografía, Miles Davis dice que Clifford tocaba “hasta perder el culo”.

Me gusta la literalidad con la que los españoles toman el “playin' his ass off” del texto original.

Esa literalidad expresa mejor que ningún otro recurso hasta qué punto - en música - si la tenés realmente grande te podés dar el lujo de no darle bola a tu ojete.

“Cherokee” está en el disco “Study in Brown”, Clifford Brown & Max Roach Sextet, EmArcy Records, 1955.

Adrian Drut