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Número 36

Reincorporación

Ayer a la tarde, sin barbijo y con el escote desafiando las bajas temperaturas, Betty se dignó a entrar a la Biblioteca, levantar la licencia por largo tratamiento, y sentarse sin demasiados prolegómenos en el escritorio que la había estado esperando por tres largos meses.

Abrió delicadamente la carterita azul pálido que le hacía juego con los aros y ordenó con prolijidad sobre los estantes los souvenirs de la larga ausencia.

A la derecha, una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro, a la izquierda una piedrita de las salinas, un poco más abajo la virgencita de color indeciso según el clima, y en la última repisa una postal de Piedra del Águila.

Una hora más tarde, preguntó si quedaba algo del té de durazno que nos había traído en febrero, y sin esperar la respuesta fue taconeando hasta el fondo del archivo con la taza en la mano y tarareando una dudosa versión de alguna bossa nova.

Después del rato que me llevó tomar el coraje necesario, pude contarle que el referencista estaba ausente desde el lunes, y que habíamos tenido que obligarlo a retirarse después de dos días de fiebre, y sin poder convencerlo de que meterse entre los anaqueles del fondo, elegir alguno de los libros forrados en cuero y acariciarles el lomo hasta que se le entibiaran las manos era una manera poco certera de conseguir que algunos compañeros se reincorporaran al trabajo.

Cuando le agregamos al té negro unas gotas del licorcito que Betty guarda en el último cajón del escritorio, pude saber que el Art.

10C invocado para su prolongada ausencia dejaba a Betty libre para andar dando vueltas por ahí, desembarazarse del agobio y el dolor de ciática que la había aquejado desde noviembre y volver dispuesta a darle pelea a las bacterias voladoras y a los ácaros de siempre.

Al final de la tarde, quedamos en que iba a traer las fotos del periplo, que estaba terminando de revelar y poner en los álbumes correspondientes, y que a partir de mañana podíamos discutir también la conveniencia de que todo el personal se inscribiera en el Cuerpo de Asistencia de Bibliotecarios para la Igualdad de Oportunidades (CABIO) para disparar a nuestra Biblioteca a otro nivel de compromiso social.

María Martha Gigena