ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 35

Los nombres

Shim despertó al oír su nombre con la voz de la pelirroja.

Aunque ése no era su nombre, era uno nuevo.

Un nuevo nombre derivado del suyo.

O su mismo nombre estirado, fragmentado y recortado de tal manera que igual le permitía reconocerse en él.

Un sobrenombre de su propio nombre, como Shim de Simón, pero era otro.

Cada mujer de su vida lo llamaba de una manera distinta, porque las mujeres tienen eso de rebautizarlo a uno para fijar un inicio, marcar su territorio.

O acaso era que con cada mujer se reinstauraba, que en cada relación era otro hombre.

Tal vez así lograba vivir otras vidas que comenzaban alguna mañana, se extendían durante un tiempo y se disipaban sin que él tuviese que participar del final.

Podría ser que de este modo resolviera su plan de morir y volver a existir en otras franjas del universo para reencontrarse con Octubre, su gata gris, a quien todavía esperaba ver aparecer en cualquier momento. Estiró el cuello cuanto pudo para husmear a su alrededor.

Del marco de una arcada colgaban catavientos de diferentes tamaños, sogas y lanas.

La superposición de tejidos, paños y tapices hacía que el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos. Miró a la mujer que nuevamente dormía.

Con el vaivén suave de la respiración los lunares de la espalda subían y bajaban, aparecían y desaparecían ente las cobijas.

Volvió a concentrarse en las telas, los almohadones.

Forzando la vista con cierta molestia alcanzó a divisar en la penumbra una figura pequeña, casi deshecha o a punto de formarse en su retina.

Como una bocanada de humo inmóvil.

Un hilván de aire solidificado que se movió hacia él, emitiendo un sonido familiar.

-Octubre, soy yo.

-pensó.

-Junio, Junio- canturreó la mujer otra vez despierta. Octubre, ahora Junio; antes una gata gris, ahora un gato siamés, rozó su mano como siempre, se enrolló sobre la alfombra y empezó a lamerse mirando a Shim con un silencio sabio.

Shim sintió el rayo de la felicidad sobre su cuerpo.

Tomó su ropa y lentamente fue deslizándose de la habitación hacia el baño.

Parecía distraído.

Con el ruido del agua de la ducha disimuló el zumbido del ascensor.

Ya en la calle, echó a correr con Octubre en brazos.

Nora Martinez