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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 34

Imágenes
Cocineros

La forma superior de la espalda, la curva de los hombros, ese modo de caer el pelo un poco ondulado sobre la nuca, el color medio rubión, tal vez ahora teñido.

La seguridad de verla, por fin, en el colectivo.

Tanto buscarla y se la encuentra allí, parada delante de él, brindándole esa certeza de ser ella sólo si se queda en esa misma posición para siempre.

Esa probabilidad de lo imposible que se confirma ni bien la mujer gira y se inclina para ver por dónde anda, cuánto le falta para llegar a algún sitio, mostrando el perfil con anteojos de una cara que no le corresponde.

La señora de Shim no usaba anteojos.

No era ella.

Pero Shim se las arregló para vivir un rato más en su compañía.

Fue como un regalo del azar.

Un premio sin destino que tomó prestado.

Una condecoración hallada en las mesas de un bazar de antigüedades que se prueba rápidamente sobre la camisa cuando el vendedor no está mirando. Shim baja antes.

Le satisface ser quien se aleja esta vez, dejando que la simulación de su mujer siga su vida sin él.

Le sobreviene una sensación de rara comprensión.

De hastiada tranquilidad. Camina hacia el bar donde suele desayunar.

Tiene una cita.

La muchacha a quien espera va a llegar tarde, lo aturdirá tratando de caer simpática, contándole idioteces sobre astrología, queriendo mechar alguna anécdota de su familia, algún episodio de ésos que ya testeó con otros y comprobó que la hacían más interesante, y hará algunos intentos más de seducirlo no porque él le resulte un buen objetivo sino porque está acostumbrada a nutrir su imagen hablando sola, transcribiendo el silencio de los hombres en intrigante deseo. Shim no tiene mucho tiempo para eso.

Pero se quedará a esperarla.

Tomará otro café y se dirá que es bueno empezar algo nuevo con alguien que ya conoce.

Demasiadas veces se han cruzado en la vereda.

Seguramente, después del bar, ella va a ofrecer ir a su casa perfumada con inciensos -prefiere creer eso porque la suya está patas para arriba y no se sabe por dónde entrar-.

Es pelirroja y usa ropa púrpura, ajustada.

Hace yoga con fondo de Manal, de Caetano o de Joni Mitchell.

Y tiene todo el aspecto de vivir con gatos.

Nora Martinez