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Número 33

Varios

Un cuento cuyo título –esto que se lee en negritas- es más largo que el mismísimo cuento.

Cuando Monterroso despertó, el dinosaurio lo esperaba en la estación de servicio. Plan.

Despojados de todos los poderes, disfrazados de humanos, vinieron a explorar la tierra.

Tenían como contraseña para abordar la nave que los llevaría de regreso, un anillo especial.

Uno de ellos lo perdió en un asalto, en Palermo.

Todavía anda entre nosotros. Llave.

Ella no aguantaba más sus distracciones, le dijo que no quería volver a verlo.

Él se fue.

Volvió enseguida y ella no le abrió.

No pudo avisarle que había dejado abierta la llave del gas. Bizcocho.

El estrábico sufría, no tanto por el problema estético.

Ese aspecto lo tenía sin cuidado.

Se había casado sin dificultad.

Sufría porque se sentía adúltero.

Hasta que dejó a su amante. Condolencia.

En el velorio de su mujer había una cantidad inusitada de hombres desconocidos, todos sufriendo.

Eso lo convenció de que había hecho lo correcto. Planes.

El diagnóstico era inapelable: máximo seis meses de vida.

Compró un pasaje a París, sacó todo el dinero de sus cuentas bancarias y se despidió de su familia.

Falleció en el preembarque. Calor.

Anwar AL Jadri se revolvía entre los almohadones.

El calor, el calor, repetía entre jadeos.

Jezabel, la número cuatro de sus esposas, sin haber recibido ninguna orden, se puso de pie, apuntó con el artificio y encendió el aire acondicionado.

Roberto Gárriz