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Número 33

La conquista del Plagio

Asombro Nuevo Mundo, no porque se encontró de nuevo, sino porque en todos es como aquel de la primera edad de oro.

Es la mayor cosa después de la Creación.

Los Reyes Católicos, que dudaron de la empresa, así lo aceptan aunque no se conozcan las causas y la razón de esta novedad. Al padre. Dios sabe que no fue la codicia lo que me decidió a realizar este viaje, sino ese extraño deseo que tuve durante mucho tiempo y que ninguna empresa, ninguna mujer pudo calmar: creo que no podría haber muerto en paz sin haber visto el Mundo Nuevo. Secreto. Sólo Dios alcanza a saber las cosas secretas que existen entre las diversas poblaciones de estas tierras.

Todo es verde y las hierbas como en abril en Andalucía; y el canto de los pájaros hace que ningún hombre quiera partir.

El vuelo de los papagayos oscurece el sol y la diversidad es tanta que es maravilla y éxtasis.

Una perpetua ansia y melancolía. Mujeres. Estas mujeres son altas y blancas, tienen el cabello largo y trenzado a la cabeza.

Andan desnudas y tapan sus pudores con los arcos y flechas que llevan en las manos que usan con destreza de hombre. Hay otra población de mujeres solas, que en cierto tiempo del año van a una población de hombres y después de yacer con ellos vuelven a sus tierras, donde tienen mucho oro y plata. Oro fundido Le presentaron una olla de oro ardiente y le dijeron: ya que eres amigo del oro, hártate ahora con él.

Y para que lo guardes bien abre la boca y traga este que viene fundido.

Lo bebió por la fuerza y murió cuando obtuvo lo que deseaba. Generosos Esta población no era como otros lugares donde los hombres esconden a sus mujeres para que no satisfagan a los cristianos, nada más que por celos.

Aquí hay muy lindos cuerpos de mujeres que apetecen de los excesos para contento de cada uno y sin menoscabo de los varones del lugar. Regalo arisco. El almirante me regaló una hermosa mujer del caribe que llevé a mi camarote, desnuda como estaba porque era su costumbre.

Tuve deseos, pero ella no lo consintió: me hizo sufrir con sus uñas.

Le di azotes y dió grandes gritos.

Ahora estamos tan de acuerdo que parece haber sido criada en una escuela de putas. Descendencia. Preguntó un nativo: ¿Pues qué mujeres tenéis vosotros para poder llevar adelante vuestra generación?, pues en la fortaleza no hay ninguna.

El capitán español respondió: “Si faltan mujeres españolas ahí están las vuestras, en las cuales tendremos hijos que serán vuestros amos”.

Los caciques daban sus hijas para que se preñasen y quedase entre ellos generaciones de hombres tan valientes y temidos. Menú. Comen erizos, comadrejas, murciélagos, mangostas, arañas, gusanos, orugas, abejas y piojos crudos, cocidos y fritos.

No perdonan cosa viva para satisfacer la gula; y tanto es más asombroso que coman semejantes sabandijas y animales sucios, cuando tienen buen pan y vino, frutas, peces y carne. Cabezas duras. Gruesos cascos parecen sus cabezas, que en nada se parecen a las de otras gentes.

Hay que dar aviso a los cristianos para que en las peleas, cuando ellos se abalanzan, no los ataquen en la cabeza para evitar romper las espadas.

Sin embargo, no todos tienen las mismas características. Variedad Sería largo enumerar todas sus abominaciones: cómo se matan unos a otros sin formación de causa, mezclan sus borracheras y orgías con sangre, tienen muchos por el mayor de los placeres comer carne humana, otros inmolan niños inocentes a sus ídolos, celebran otros las exequias de los suyos vertiendo sangre ajena y casi todos consideran que la fuerza sólo se les ha dado para vengarse y hacer daño. “Perros cristianos, cristianos perros, fuera, fuera, salid de nuestra tierra, usurpadores de lo ajeno”.

Germán García