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Número 31

Océano del Tiempo

El tiempo es sustancia mitad gaseosa, mitad líquida. Al transcurrir, el tiempo se va convirtiendo en algo líquido.

El presente es la fina membrana que separa lo gaseoso del futuro, de lo líquido del pasado. Esta situación nos acomoda en la condición de un ser anfibio que con sutil puntada, casi sin darse cuenta, va cosiendo el pasado con el presente, en una vida sin rumbo. En el pasado habitan los recuerdos que como los peces, nadan mansamente, y su posibilidad de paso por el presente es sólo momentánea.

Porque si permanecen durante mucho tiempo fuera del líquido, mueren, se descomponen, se deforman y dejan de ser reales. En el pasado podemos sumergir todo nuestro cuerpo, hasta podemos bucear en él por algunos segundos -más, sería nuestro fin-.

Partes de nosotros emergen del pasado como restos de un naufragio, y sobre la tranquila capa del presente desparraman sus ondas, como mandando mensajes incomprensibles. Nada del pasado se ve claramente desde el futuro o el presente, para distinguirlo es necesario hundirnos totalmente en él. Como los líquidos, el pasado se agita y revuelve según lo convulsionado y agitado que se encuentre el aire que está sobre su superficie, el presente.

Osqui Bertea