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Número 31

Fui

En los ojos se abrían y cerraban las pupilas como obturando, dijo: te digo que no somos nada, somos el invento de un número.

La voz no me salió, se me habían caído las palabras como si fuera piedras.

Y ahora tenemos la opción de ser libres, ahora que lo comprendo, dijo.

Y yo sin posibilidad de sonidos, comencé a hacerle señas con las manos diciendo no, esperá, con la palma abierta apuntándole, señalándole la garganta que se me había puesto tan seca que parecía pegada de pared a pared, dejando anudadas las palabras que no salían.

Te digo que todos somos Pi, es lo que quiso decir Borges cuando escribió sobre los inmortales, somos Pi.

Mi desesperación fue en aumento porque frente al nombre de Borges podía tener algún argumento, alguna palabra, encontrar una fisura que me permitiera convencerlo.

Pero mi voz siguió terca en una desolada ausencia, él dijo: Pi, es un número trascendental que se ocupó por sí mismo de no poder ser conjeturado, así no termina nunca, él nos ha inventado a todos, no puede ser calculado a través de ninguna combinación de sumas, restas, multiplicaciones, divisiones o raíces cuadradas.

Aún más curioso, al margen del número de decimales que se quieran calcular del valor de Pi, el decimal jamás se termina, es infinito, de esta manera, vos y yo, el mundo entero, la enciclopedia británica y todos nuestros futuros posibles está contenido en alguna combinación de ese número infernal.

Todas las infinitas combinaciones de vidas, hasta la de ser autor del Quijote, como para los inmortales de Borges, las hacen posible el número Pi.

Y yo, elegí no continuar docilmento lo que él quiere, decidí elegir por nosotros dos, ahora mismo, destrono a Pi, y asumo yo.

Dicho esto, disparó.

Ana Abregú