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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 31

7bis. rue de Vernuil

El tipo se levantó después de haberse terminado el whisky de un trago.

Me miró fijo, sosteniendo el pucho a medio fumar entre los labios, entrecerró los ojos y me soltó:  Escribí unicamente acerca de lo que sepas.

Lo demás no vale la pena. Yo peleaba conmigo mismo en el ring estrecho de un cuadernito rayado.

Iba perdiendo y estaba por pedir soga justo en el momento en que el narigón se me acercó para hablarme.

Tenía una barba de tres días, el pelo revuelto y la camisa desabrochada cubierta de transpiración.

Apenas eran las tres y cuarto de la tarde y la baranda a alcohol que despedía te volteaba.

 ¿Tenés trabajo?  Algo así.  Dejálo.  ¿Y vos me vas a pagar el alquiler y la comida?  La guita no es importante.

Lo que importa es el estilo.  Eso es fácil de decir cuando estás muerto.  ¿Muerto? Vos te pensás que un tipo como yo está muerto? Jajajaja...

pobre imbécil. Se dió vuelta para hacerle una seña al barman.

Al rato trajeron una botella de whisky y dos vasos a mi mesa. Charlamos un rato más, hasta que le tipo me dijo que tenía una cita importante y que las consumisiones estaban pagas.

Yo me quedé media hora más, terminando el whisky y perdiendo la pelea por knock-out técnico. Al salir le pregunté al barman si el borracho narigón seguía viviendo ahí enfrente. “¿Cual borracho?”, me contestó.

Adrian Drut