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Número 29

Seriedad y discreción
Miradas de visitas

“Yo lo que quiero es un amarre, ¿me entiende? Recuperar a mi Carlos, que me necesite como antes, que no pueda vivir sin mí”.

Eso le dijo Estela a Yolanda, tarotista master, la mejor de todo Morón.

Y Yolanda le prometió que así sería. Lo que no sabía Yolanda es que en ese mismo momento Valeria, la actual novia de Carlos, se había acercado a otro tarotista, el más reconocido de Mataderos, el gran Bob, para pedirle un desmarre porque temía que SU Carlos la quisiera más a Estela que a ella. Casi instantáneamente una lucha interior se desató en Carlos.

Su mente y su cuerpo pasaron a ser el campo de batalla de poderes contradictorios que pugnaban por unirlo incondicionalmente a Estela y a la vez por separarlo definitivamente de ella.

Así fue que el tipo empezó a amar tanto pero tanto a Estela que no quería ni verla, de repente le despertaba tal pasión que le daba un odio terrible.

Ahora la imaginaba asquerosamente especial, insoportablemente buena; de solo pensarla le daban arcadas y tenía que poner su mente en otra cosa, pero no en Valeria, Valeria no le interesaba en lo más mínimo.

Lo único importante pasó a ser Estela que le parecía tan repugnante como atractiva.

Tenía ganas de besarle los pies, de morderle una várice, de acariciarle el cuello, de atenazarle un pezón. Estela lo llamaba al celular y él atendía con un grito profundo y le cortaba.

Valeria le hablaba de “esa idiota” y Carlos se agarraba la cabeza y cerraba los ojos porque sentía que le iban a explotar. La psicóloga de Carlos, que no cree en la magia blanca, está segura de que el vínculo amor/odio que estableció el paciente con su mamá es de lo más común, y no solo eso: también está convencida de que ella lo va a recomponer, por algo es la psicóloga con más trayectoria de Once.

Yanina Bouche