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Numero 1

Cecilia va al cine

Cecilia encuentra en el cine el pasatiempo que le permite sobrellevar su vida miserable.

Golpeada por su personaje marido, a quien de una mantiene película en y al medio galán de que la depresión lo interpreta.

de los Forzada 30', Cecilia a elegir, logra elige enamorar al actor (a antes la vez) que a un al personaje.

Triste equivocación: el galán la abandona y ella vuelve a su abusador marido. La película se llama La rosa púrpura de El Cairo, y sobre el final, Cecilia vuelve al cine.

Ha sido abandonada por el hombre que ama, ha rechazado al personaje que la amaba, y, peor, debe volver a su vida gris.

Pero en ese momento, la vemos a Cecilia en un primer plano: triste por lo que ha perdido, por lo que le espera, su rostro se ilumina con la luz que proyecta (fuera de campo) la pantalla de cine.

Y entonces, lentamente, mientras hunde la mano en la bolsa de pochoclo, comienza a sonreír.

Fascinada por las luces y las sombras, Cecilia se olvida de sus problemas (la pobreza, el marido golpeador e infiel) y disfruta. El cine es “evasión”: esa última escena afirma que lo bueno del cine es que mientras dura la “suspensión de la creencia” nos permite olvidar nuestras penas.

Y el cine no es nada más que eso: un entretenimiento que nos permite fugarnos de la realidad (aunque todo hay que decirlo: la fotogenia de Cecilia inspira cariño instantáneamente.

Digamos que, por verla a Mia sonriendo así, uno es capaz de componer un final canalla). Se trata de una reafirmación de los lugares comunes más reaccionarios sobre las operaciones intelectuales del espectador: el cine, insiste ese final repitiendo a Adorno, consuela la conciencia alienada de la protagonista que, entonces, nunca se rebelará ante su marido y ante una situación injusta.

Cecilia irá una y otra vez al cine para librarse, por esas horas que dura el o los films, de la opresión de su vida cotidiana; lo que eventualmente le permitirá soportar mejor la golpiza de su marido y le impedirá rebelarse.

El cine de género, así leído, colabora servicialmente con una sociedad represiva y violenta, incorregible. Otra historia: Danny Madigan, un niño fanático de las películas de acción de Jack Slater, puede entrar al mundo de celuloide gracias a un boleto mágico.

Pero el boleto termina en las manos equivocadas y el malo de la película, Benedict, escapa al mundo real.

Tras él van Danny y Slater.

La imagen nos muestra un plano general de la sala desde la pantalla.

En esta historia, Danny, el espectador de cine, no fuga desde la realidad, sino hacia la realidad. Ahí donde Cecilia se quedaba en su lugar sonriendo aliviada, Danny y Slater salen corriendo al mundo.

Ahora el cine no es el consuelo de una vida de miseria, es un lugar del que se pueden sacar herramientas, ideas, fantasías que pueden cambiar el mundo.

El cine es una fuga que revierte fatalmente en el mundo.

Por eso la historia de Danny y Slater es alegre, por eso El último gran hé roe es un cine generoso. Así, en el fondo, estas películas oponen dos modos de entender el cine: la mezquina sensatez de las buenas conciencias o la irresponsable generosidad de los aventureros.

Ezequiel De Rosso