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Número 28

El pacto

Octubre iba a morir.

No ese mismo día.

No se sabía cuándo, si antes o después que el señor Shim.

Pero algún día iba a pasar.

Al señor Shim le asustaba imaginarse no encontrándola por ningún lado.

Como cuando su esposa partió para siempre y quedó solo y empezó a buscarla sin parar.

Deseaba haberle podido decir algo muy importante, aunque no había pensado qué.

A partir de entonces empezó a sufrir ese extraño dolor.

Un dolor que no menguaba y que nunca había sido más intenso que ahora.

Ni intenso, ni profundo, sino vago, difuso, parejo, como un embate constante de perdigones por todo el cuerpo. Si otra vez le sucediera, quedarse solo, tendría que animarse a pensar lo que se le ocurriría decir cuando fuese inútil.

Por eso alzó a Octubre y la sentó sobre la mesa.

- Vamos a hacer un pacto- le dijo.

- Seguramente vamos a morir en tiempos distintos.

Y tal vez te mueras más veces que yo.

Así dicen.

Quisiera que cada vez que pasemos por otra vida, nos encontremos y sigamos en compañía.

Que nos contemos lo que nos haya pasado, con quién estuvimos, qué hicimos...

No te olvides.

De todos modos te voy a ayudar a que me reconozcas.

Ahora me voy a dormir. La gata saltó a la silla, al piso, al sillón, de ahí a la mesita del living, al piso de nuevo, y lo siguió hasta la cama.

Nora Martinez