ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 27

Epifanía
El físico

Otra cosa eran las calles de Granada, quizás por aquel García Lorca que la editorial Aguilar había depositado en la Biblioteca Municipal de una ciudad de otro continente.

Calles familiares como la siesta, y borrosas como un sueño.

Prestancia de imágenes casuales que simulan un destino, pasos del azar que invocan una trayectoria fatídica.

Ahí estaba Santiago, santo de sus maneras.

Alto y delgado, atravesado por el flamenco como por un mensaje divino, se dejaba llevar por la inercia de la ciudad y el murmullo de la historia.

La marihuana, separada del prestigio de la modernidad, era el vehículo de un retorno a orígenes perdidos.

Porque el origen estaba presente, petrificado en la ciudad donde se mezclan lenguas y estilos, cuerpos y billetes de diferentes países.

Por momentos, España era una casa de cambio donde nombrar los lugares bastaba para definirlos.

Braun recordaba a un castellano borracho, gritando furioso por los adjetivos.

Ustedes – decía – adjetivan.

Dicen que hicieron un paseo maravilloso por Castilla.

¿Cómo se puede adjetivar a Castilla, cómo se puede decir de algo que es maravilloso? Quedó sorprendido de que no fuera el tono, el vocabulario, sino el adjetivo.

Además, agregó, se trata de adjetivos de predadores, de adjetivos que roen, de adjetivos contra el misterio de las cosas. Por las calles de Granada esto no tiene importancia, puesto que las palabras separadas de la voz se pasean solas, La voz por un lado, en el continuo de una dulce queja, y las palabras por otro, cubren lo que la voz revela.

Ironías y juegos de palabras para ocultar la queja de la voz, la queja que continúa una sola sílaba hasta borrar sus límites.

Los andaluces no defienden el sustantivo y la sustancia, sino que se pasean por el origen perdido y presente. Nada de esto, sin embargo, en Málaga.

Nada de esto había escuchado tampoco en Sevilla, con una reserva de aquellos señoritos que en su país parecían castellanos.

¿Qué era, en definitiva, España? Esa caja china de lenguas dispares y tradiciones diversas, no podía definirse de ninguna manera.

Aquella imagen escolar de España, confirmada por los inmigrantes campesinos que llegaban de Galicia, se borraba.

Los españoles hablaban de España como de un objeto que en extensión no podía recorrerse, y que en intensión no podía definirse.

España estaba frente a cada uno, como el toro frente al torero: aturdida, ciega, herida y expectante.

Germán García