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Número 26

James

Hola.

Yo soy James.

Vivo en Massachussets, con mi madre y mi hermano Peter.

Me gusta mirar la televisión, comer hamburguesas y jugar al béisbol con mis vecinos.

También me gusta viajar y conocer lugares.

Conozco la estatua de la libertad, el gran cañón de Colorado y el monte Rushmore.

También me gusta mucho leer libros, sobre todo con fotos de lugares lejanos como México, África e India.

México está lleno de latinos.

Ellos siempre quieren entrar a nuestro país en balsas que vienen por Miami.

El residente de México se llama Perón, y es un dictador muy malo.

Por eso los latinos siempre quieren escaparse.

Y en nuestro país siempre los dejamos entrar, y siempre les damos trabajo limpiando pisos, cocinando en bares o en la calle juntando basura en changuitos de supermercado.

Los latinos siempre están contentos.

Cantan y bailan todo el día al ritmo de la batucada y el tango.

Ellos se divierten de esa manera.

No trabajan mucho porque siempre están cansados de tanto bailar.

Mi papá decía que son unos negros de mierda que no merecen vivir, pero no es cierto.

Yo creo que todos merecen vivir.

Una vez mi papá me dijo que llevaron a pelear al desierto, en India. Porque vinieron unos tipos de ahí y tiraron dos edificios altos que había acá.

Y mi mamá me dijo que habían sido los Indios, que eran mal agradecidos, después de todo lo que hicimos con ellos.

Y papá fue a pelearse con ellos, y a matarlos…como a Joe.

Pero esta vez lo mataron ellos a él.

Mi mamá me dijo que lo mataron en pleno combate, como en las películas de Vietnam, donde los chinos mataban a los americanos buenos.

Yo igual escuché a un compañero de mi papá que le decía a mi mamá que en realidad no lo habían matado en combate, sino que lo habían matado mientras violaba a una nena de quince años.

También le dijeron que por eso que había hecho mi papá, no íbamos a tener pensión.

En el velatorio de mi papá, el cajón de él era el único que no tenía la bandera cubriéndolo.

Y cuando fuimos al entierro, mamá y yo fuimos los únicos que fuimos con nuestro propio auto.

Ahora ya no tenemos más ese auto, porque antes teníamos dos, pero como yo no sé manejar, mamá vendió el que era de papá.

Después vendió el de ella.

Después vendió la casa y nos mudamos a una casa más chica.

Después conoció a un hombre.

Se llama Jorge y es latino, pero no es como los otros latinos.

Él es bueno.

No canta ni baila, y trata bien a mamá.

El otro día escuché que mamá le decía a una amiga que “Jorge coje mucho mejor que el mierda de mi difunto esposo”.

Yo no sé qué es cojer, pero cuando sea grande quiero cojer como Jorge.

Mariano Quintero