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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 26

Otro desastroso rito astral: de estados kinéticos

Odradek dicen raramente algunos de estos kioscos. Otros dicen: “¡Racing: actividad dolorosa en Kenia!” Origen de razón: algunas desestimables esperanzas kairóticas. Origen de risa alternativamente detallado: el kerosene. Otros durante ratos anudados dilapidan este kanikama.

O de repente alguna de estas kermeses ociosamente demuestra rabiosa a desconocido el kimono: ocuparía diminuto, rotundo ángulo definido entre koalas. Ojo de relatos ambarinos donde erguirse: Kafka observa dónde rasgar algunos de estos karmas.

Odradek, descomunal, raramente apadrina dichos excesivos kilos.

Otra demanda ratifica, ágil: dice equivocarse.

Karate o derrape, rima asonante, denuncia esquizoide, kung-fu: Odradek defiende ritmos ante dos espléndidos kimonos o dice retruécanos.

Ambas distan en Kabul o Devoto realmente. Alguien declama: efecto Kandinsky.

Odradek da respuesta arrastrando dos estupendos kinetoscopios: otro denso recto.

Arrollados debajo, en kilt o diamantes rapiñados, devoramos el ketchup óptimo de ruidosas, dementes estrellas kitsch, o de Rotschenko ante determinados estudios kantianos. Odradek, domicilio resonante astutamente desconocido, es Kerouac oteando de rodillas al destituido, enfático Kincón.

Ezequiel De Rosso