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Número 25

La nube de Vijonte
Torta de abrazo

Llegué temprano a la cita en la casa de Vijonte.

Su esposa (notablemente mas joven que él) me recibió y se encargó de que la mucama me atendiera de la mejor manera posible.

A los quince minutos entró Omar Vijonte, con su elegancia característica.

Tras un breve saludo se sirvió un poco de soda con limón (“al mediodía no chupo yo” me explicó) y arrancamos la nota.

El motivo de mi visita era charlar sobre su nueva obra de teatro, una osada puesta en escena de “Las nubes” de Aristófanes.

En la versión de Vijonte, Fidípides es un joven mal criado, vicioso y jugador que dilapida el dinero de la familia, hasta que su padre, Estrepsíades, queda endeudado y no tiene forma de pagar a los acreedores.

Entonces se le ocurre la idea de mandar a su hijo “El Garchadero”, una especie de academia en la cual el maestro Sódape enseña a sus estudiantes los más variados secretos amatorios a cambio de dinero.

La idea de Estrepsíades es su hijo se convierta en un gran amante y que al egresar de la escuela logre liberarlo de su deuda teniendo relaciones con sus acreedores (en esta versión, un amanerado prestamista y una cincuentona entrada en kilos).

Fidípides no acepta la propuesta del padre, por lo que, para no perder la matrícula que ya había pagado, es Estrepsíades quien asiste a la escuela. -¿Cómo se le ocurrió la adaptación de éste clásico?- pregunto. -¿Sabés que pasa? Me hinché las pelotas de que me tildaran de grasa los boludos de los intelectuales.

– contestó con honestidad. -¿Alguien en particular? -No, todos.

Son todos una manga de forros.

A lo mejor yo no habré leído a ciertos autores en sus idiomas originales, pero seguro que ninguno de ellos se enfiestó nunca con dos gemelas dominicanas como yo.

Y no los discrimino por eso- siguió. -¿Pero a quienes se refiere con ellos? –insistí en mi afán de buscar un buen título para la nota. -A estos, a los intelectuales, a estos que viven de las ideas, en lugar de buscarse un laburo digno-insistió levantando un poco la voz. -Bueno, pero usted también es un intelectual.

¿O acaso no vive de sus ideas?- le pregunté. -Ah ¿sos pistola vos? – se exaltó. -No, para nada.

Es que realmente no comprendo su enojo hacia quien va dirigido.

-Ah ¿no entendés? ¿Sos pistola vos? – su insistencia con la metáfora del arma de fuego me recordó aquel incidente que Vijonte tuvo años atrás con un colega, por lo que decidí terminar la entrevista antes de tiempo.

Mientras iba saliendo de la casa escuchaba como su esposa trataba de calmarlo mientras Vijonte seguía gritando “son pistola, son todos pistola, manga de putos”

Mariano Quintero