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Número 25

Tatuaje

Pasamos mucho frío en las noches del sur.

Cuando se rompió el cierre de la carpa tuvimos que empezar a cerrar con broches, hasta que conseguimos alfileres de gancho y la cosa mejoró.

El mosquitero funcionaba bien, pero no tapaba el frío.

Por eso usamos los alfileres para clausurar, en lo posible, la entrada.

Era la misma carpa que había llevado, unos días antes, a Ostende.

Con el Ponchi fuimos a Ostende.

Con Majita, a Pirámides.

Una tarde, el Ponchi y dos de los amigos que se hizo en la playa, se metieron en nuestra carpa para conversar.

El cierre estaba bien, todavía.

Yo me quedé cerca, afuera, acostado en la bolsa de dormir, con el cuaderno.

Quería escribir pero no pude evitar escucharlos.

Hablaban de sexo.

Así dijo Ángel, uno de los chicos: hablemos de sexo.

Y empezaron a contar historias ridículas, cada uno a su manera, historias donde diferentes chicas se ocupaban de ellos.

No puedo ser muy explícito porque él se enoja mucho y fue terminante conmigo.

Me pidió que dejara de escribir estas cosas.

Que lo averguenzo, me dijo.

Yo traté de hablarle de la autoficción, de la vuelta a la figura de autor, le conté que hay varias corrientes teóricas que piensan la cuestión: parece que ahora el autor existe, no como antes, cuando algunos franceses lo mataron.

Le dije todo eso y me respondió que dejara de hablar boludeces.

Te prohibo escribir sobre mí, me dijo.

Majita está al tanto de las novedades de la teoría literaria.

De hecho acaba de cursar Teoría y Análisis, en Puán, y le quedó un ocho.

Se pasó todo el cuatrimestre hablándome de los formalistas rusos.

Hace un año que estamos juntos, Majita y yo, por eso el tatuaje -nos tatuamos un anillo-.

Está armado con líneas curvas y una especie de triángulo chiquito en el medio.

Me gusta verme el dedo y saber que ella también se mira el dedo, no sé si al mismo tiempo que yo, pero cuando estamos juntos sí, hay momentos en que coincidimos.

Veo esas marcas grises, ahí, para siempre.

Voy a tirar la carpa, ya lo tengo decidido.

Termino de escribir este relato y la tiro.

Además del cierre, tiene mal el piso.

Un tajo profundo y largo, tiene.

Ariel Bermani