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Número 25

La carpa ODRADEK

LA CARPA ODRADEK. ¡Kafka al gobierno, Kierkegaard al poder! Es increíble el arte de los medios que, siempre al medio, configuran como quieren la realidad.

Según ellos la carpa Odradek no existió; sin esta nota nadie en el futuro conocería la verdad. La noche de la instalación, noche de niebla y humo, pasó desapercibida por su color negro y el tamaño reducido.

Pero durante el día siguiente la difusión del volumen que contiene In vino verita y la repeticion y el nombre de su autor, Kierkegaard, fueron materia de conjeturas.

¿Les insinuábamos que eran borrachos, que siempre repetían lo mismo?. La segunda noche dos gauchitos de la carpa verde, que era blanca, se dieron a conocer como hermanos gemelos: uno era Tristán, el hilarante, y el otro Hilario, el triste.

Sin muchas vueltas atacaron a nuestros candidatos y también a Odradek: dijeron que nada de eso existía, que era una provocación cifrada en la multiplicación de la letra K.

Una sutileza; la gente de campo tiene la costumbre de seguir rastros en la gramilla. Nuestra respuesta fue irónica:¡Así que descongelaron al Disney para que haga una de niños con el torito Alfredo, antes de que se desinfle? Gente de campo al fin, amenazaron con los cuchillos que – me parece – en una de esas ni sabían usar.

Bravatas literarias, al estilo de “aquí me pongo a cantar” o “con permiso voy a dentrar aunque no soy convidau”.

Tristán estalló en su risa hilarante, Hilario dejó rodar una lágrima por la llanura de su cara (“rostro” dijo un paisano, lector de Rubén Darío). Kafka al gobierno, Kierkegaard al poder – dijimos – no es un chiste, somos gente de honor y tampoco nos falta coraje y nos sobran razones. “Ta’bueno”, estalló Tristán.

“Estamos con la paz”, dijo Hilario con tristeza.

“Que al salir salga cortado”, agregó uno de los nuestros, para estar a tono.

Nadie le respondió. Pero otros, que seguían la disputa, se presentaron como militantes K., de otra carpa blanca como la verde (que era blanca) y dijeron que esa burla venía de algún lado.

Un apresurado agregó: “Del lado de la sombra, compañero”.

Y de manera inesperada, insólita, los de la carpa verde (que era blanca) y los de la carpa blanca (también blanca) dijeron que la carpa Odradek y los candidatos eran una provocación.

“¿De quién?”.

Basta ver la carpa negra, dijo uno, típico de los Servicios.

Y empezaron una discusión.

Gritaron que en pocas horas teníamos que dejar el predio sagrado y que basta de chistes con Disney, el torito y la letra K. Ahora estamos instalados en el sótano de la casa de los padres de un amigo, en un espacio que es como una caja de zapatos, seguros de que el aire de los tiempos no logrará hacernos afirmar tonterías de personas que al amontonarse parecen normales.

Y es verdad, son la norma que cuando llega a conclusiones criminales ya tiene escrito el arrepentimiento.

“La única verdad no es la realidad”, había dicho con tristeza Hilario.

Antes de que Tristán se mandara su risotada, uno de los nuestros replicó: “La única verdad es que Disney, se iba a presentar aquí disfrazado de Aristóteles porque sabe lo profundo que caló su obra en estos arrabales”.

Lástima, lo volvieron a congelar cuando se desinfló el torito Alfredo.

Germán García