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Número 24

Infantería

Sanders Gómez apareció subrepticiamente.

Pude verlo apenas asomando un ojo por detrás de un árbol.

Me vio y volvió a esconderse.

Cuando se mostró nuevamente parecía sonreír.

Detrás de él unos 100 hombres se acercaban arrastrándose, las caras sucias de barro, los pantalones rotos en las rodillas.

-Sanders, lo estábamos esperando.

Necesitamos apoyo, jamás culminaremos esta misión sin los marines. -Pero no somos marines. -¿Ah, no? ¿Y qué son? -Somos del regimiento 4 de Infantería de línea. -¡Nooooooooo! ¡Infantería noooooooooooo! Sanders era un muchacho joven, astuto y arriesgado...

pero ya habíamos tenido suficiente con la gente de Infantería.

Sin embargo no tenía más que aceptarlos si pretendía sacar con vida a mis muchachos de allí.

Me sobrepuse. -Óyeme Sanders, trataré de explicarte cómo funcionan los MB56.

Son armas nuevas y muy sensibles.

Debes tomarlas por aquí...

Mi explicación quedó trunca.

Fui interrumpido por los gritos de Sanders, que retirando mis manos del arma y haciendo una especie de puchero me gritó: “¡Noooo! ¡Sho tolito MB56! ¡Sho! ¡Mío! ¡E’ mío!” y ‘pum’ le voló la rodilla al teniente Balming.

La gente de Infantería tiene eso: es muy autosuficiente...

pero le cuesta reconocer sus límites.

Miré a Sanders reprobándolo y creo que lo notó porque rápidamente vino a mis brazos y me dio un enorme y sonoro beso en la mejilla.

Me quedé tieso, lo tomé de los hombros y lo separé.

Me cantó “te quiero yo, y tú a mí, somos una familia feliz”.

Y me pudo. “OK –dije- debemos partir, tenemos una misión que cumplir.

Salgamos de una vez hacia el monte”.

“Al monte no”, me dijo Sanders.

Creí que tenía mejor información y quise saber más, después de todo era MI misión.

“¿Por qué no, Sanders?”.

“¿Po qué no?”, me respondió.

Y supe que no tenía idea de nada.

“Encaminémonos hacia el monte”, insistí.

“¡Noooo! Pintar”, me dijo. Detrás de nosotros cuatro o cinco de los hombres de Sanders miraban al cielo y cantaban “¿estrellita dónde estás? quiero verte titilar”.

La situación era compleja.

Tuvimos que hacer una ronda y después, en trencito, fuimos avanzando poco a poco hacia nuestro objetivo.

Algunos se hicieron caca en el camino.

Yanina Bouche