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Número 24

Llegar a China

Le pregunté a Majita qué opinaba.

Así le pregunté: “¿Por qué será, nena, que JD es así?” -¿Así? ¿Cómo? -me dijo ella y sentí que estábamos enroscándonos en una conversación ridícula.

-Así, tan raro.

¿Por qué se encierra?, ¿por qué no publica desde hace 43 años?, ¿a qué le tiene miedo? -No soporta el mundo -dijo ella-.

Se encierra porque el mundo lo hace sufrir.

Yo lo entiendo. Nunca lo había pensado de esa manera.

Majita está en plena formación literaria, por eso le paso toda clase de libros.

Ahora lee a JD Salinger.

Le gusta.

La envidio porque ella puede leer los Nueve cuentos por primera vez.

Cada tanto me encuentro con alguna novela de Simenon que no conocía y eso me encanta.

Me gustaría que me pasara lo mismo con JD.

El Ponchi quiso participar de la conversación –pero nunca leyó a Salinger-.

Él dijo: -Ari y yo te cuidamos, Maji, no tengas miedo.

Él se había convertido en un verdadero superhéroe y no pude contener mi necesidad de besarlo.

Un beso en el pelo, le di.

-Gracias -dijo Majita.

-¿No es cierto que si uno hace un agujero en la tierra llega hasta China? -dijo el Ponchi.

-Me gustaría ir a China -dijo Majita.

-¿Quieren que hagamos el agujero? -dije yo.

-Dale -dijo Majita.

-Con qué lo hacemos -dijo el Ponchi y dejó lo que estaba haciendo –jugaba con sus muñecos- y empezó a mover las manos, ansioso, listo para empezar a cavar.

-Me colgué pensando en Salinger.

-Quiero conocer China -dijo Majita.

-Ya estoy listo, Ari -dijo el Ponchi-, bajamos y hacemos el pozo.

-Primero comamos.

¿Quieren que pida unas pizzas? Majita dejó el libro de JD sobre la mesa y se asomó por el balcón.

“Ahí”, dijo, y señaló una zona de pura tierra, abajo, cerca.

“Ahí podemos empezar”, dijo.

-Primero comamos.

-Comemos cuando lleguemos a China -dijo el Ponchi y me pidió que le ate los cordones.

“¿Tenemos una pala?”, dijo, después.

Me acerqué para darle otro beso y me di cuenta que el corazón le latía fuerte, eran más de cien latidos por minuto.

Muchos más.

-No tengo pala -dije.

-Compramos una -dijo el Ponchi y yo pensé en lo lindo que va a ser cuando asomemos la cabeza, los tres, sucios, cansadísimos, completamente felices, en China.

Ariel Bermani