ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 24

Atado al pasado

Conocí a Francesca cuando éramos niños.

Tendríamos 8 o 10 años.

Mi familia alquilaba todos los veranos la casa de enfrente de la de ellos en San Bernardo, cuando ese balneario todavía era un barrio de amigos y no la locura de gente que es ahora.

Como a los quince le perdí el rastro.

Apareció en la oficina el mes pasado.

Venía a renovar el registro.

Cuando me dijo el nombre me quise morir.

Bastó que le dijera San Bernardo para que se acordara de mí.

Era cerca del mediodía y la invité a almorzar.

Le pedí al Ruso que me cubriera hasta el final del turno.

Francesca tenía puesta una pollera larga y ajustada, bien elegante, y una camisa blanca.

El pelo negro mechado con canas, así, suelto le caía hasta los hombros.

Los ojos transparentes, como cuando era chica. Fuimos ahí a la parrilla esa medio paqueta de la vuelta, sobre la calle Sandokán, y me empezó a contar.

Era fotógrafa, estuvo en Ruanda, se hizo traductora de swahili, que es lo que hablan en el África.

Se casó con un francés, tuvo dos hijos, se divorció, tiene un palacio en Niza para ella y los dos pibes, y estaba acá visitando a su papá que no andaba bien de salud. Pidió salmón a la parrilla y yo puré de zapallo, hacía una semana que me habían puesto el cinturón gástrico y no podía comer sólido, por eso me acuerdo perfecto. Como venía la charla no encontré el momento de decirle que yo no me había casado pero casi, contarle que después de 5 años Claudia se había ido, y al rato pensé que tampoco era tan interesante.

Así que la seguí escuchando a ella, que me contaba cómo era su vida en Europa, y mientras hablaba, yo veía esas arruguitas, no las patas de gallo, que bueno, las tienen todas las minas de 45, 50 años, esas líneas finitas que van para abajo, verticales, encima del labio superior.

Bueno, con el reflejo del sol en la calle, como estábamos frente a la ventana, se veían esas arruguitas, y sumale las canas, que a mí nunca me gustaron, porque parece como que en lugar de cuidarse estuviera contenta de ser vieja, ¿no? Y sí, siempre fue muy bonita, pero ahora se notaba que el tiempo no digo que se había ensañado, pero sí que había dejado su marca, y uno tampoco puede vivir atado al pasado.

Roberto Gárriz