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Número virtual 1

Pulsos

Esa cosa brillaba en la arena vacía.

Mientras me acercaba se hacía mas nítida su circunferencia imperfecta con el centro traslúcido. La circundaba un borde de lunares negros a la misma distancia uno del otro que sin duda alguien habría colocado.

Mejillones mínimos o piedras negras quizá.

Pero no, no se trataba de ningún adorno ni juego infantil, el borde oscuro era parte de la cosa.

La cosa respiraba con un ritmo difícil, no del todo previsible. Sin entender muy bien de que se trataba, me sentía a gusto con mi descubrimiento.

No obstante, pensar que eso estaba vivo me inquietaba.

No es que me viera parecida a la cosa esa, sin embargo, las dos latíamos frente al mar a esa hora tempranísima en la playa silenciosa, bajo el mismo sol que ya empezaba a calentar la costa mojada.

Me detuve en esa pulsación que iba de adentro hacia fuera, pensando si la cosa tendría un interior y un exterior o si sólo trataba de tranquilizar mis limitaciones. Descarté categorías, la de derecho- revés por infantil, eso no era una media. Sin embargo era un hecho que- para mis ojos-, y como si fuera una dedicatoria, la cosa tenía un arriba abierto, de cara a la mitad del mundo, y un abajo adherido a la playa y a la otra mitad. Entre una mitad y la otra se divisaba, tras la textura de vidrio sucio, algo extraño y compacto en su centro.

Una piedra enorme. Intenté la reconstrucción de los hechos, la historia de la cosa.

La piedra sin duda la habría alcanzado en la cresta de una ola del furioso mar nocturno, arrastrándola a la playa.

Ahora, la piedra inmóvil en su centro sólo era el vestigio del naufragio, el signo de un mal encuentro.

Una y otra vez giré para verla mientras me alejaba.

Una línea de pisadas se trazaba y alargaba entre nosotras. Cuando regresé por la tarde ya no brillaba, una capa fina de arena la cubría por encima y su ritmo incierto la había abandonado. Los niños saltaban y gritaban alrededor de la cosa con palas en las manos como en un ritual indio.

Un llamado les avisaba la hora de merendar.

Alejandra Jalof