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Número 23

Los vagabundos del Dharma

Es curioso el éxito de Lost.

Hubo antes relatos que contenían una historia plagada de misterios (Los expedientes secretos X) e inclusive relatos que contaran una sola historia principal a lo largo de muchos capítulos (24).

Lo novedoso, parece, es el hecho de que la historia principal de Lost (que ya lleva 84 capítulos) es una historia plagada de misterios.

Es decir, una historia que ya lleva cuatro temporadas construida sobre la ignorancia y el deseo de saber. En los primeros episodios de la serie proliferan los misterios: extraños movimientos de cámara sugieren la existencia de un monstruo, la aparición de un hombre de traje hace pensar en un fantasma, osos polares aparecen en una isla del Pacífico.

Estos primeros misterios son ejemplares por su pobreza.

En ellos se ve con claridad la contradicción que estructura todo misterio.

Una contradicción en la representación (la gente “ve” con steady cam, y si no se ve con steady cam es porque algo “de otro mundo” amenaza a nuestros héroes), o en lo representado (la gente no viste de traje en las islas desiertas, los osos polares no existen en el Pacífico).

Así vistos, los misterios son grumos en el tejido terso de un modo de presentación en otros sentidos tradicional (montaje “invisible”, relaciones “verosímiles” y hasta “típicas”: el triángulo amoroso, el padre bueno pero incomprendido por su hijo, etc.).

Pero aquí están esos grumos, y lo que los sostiene es una indeterminación en la asignación de sentidos: uno puede completar como desee esos agujeros, y todas las soluciones podrían ser correctas. El primer movimiento de Lost fue justamente acumular vacíos, de una heterogeneidad pasmosa: misterios biológicos, psicológicos, tecnológicos, y hasta filosóficos.

El hallazgo de Lost, claro, es elevar la falla que explota toda manifestación misteriosa a otro plano: no se trata sólo de la contradicción en los elementos constitutivos de un verosímil, sino que la misma lógica que sostiene los diferentes misterios se presenta como un espacio vacío, pasible tanto de ser explicada por un solo argumento, como por muchos, casi tantos como misterios. Pero un misterio, para ser narrativamente eficaz, necesita de algo más que una contradicción.

Hay que soportar casi toda la primera temporada para encontrar algo más que palmeras que se mueven y monstruos que nadie ve.

Sobre el final de la temporada, esa contradicción aparente que guía tanto los misterios como su proliferación comienza a limitarse, aparecen enemigos de nuestros “héroes”, se explican algunos hechos y otros se conectan entre sí.

El misterio se pone en movimiento, se desplaza y entonces, mientras que se producen nuevos misterios, estos no se acumulan simplemente, sino que se articulan en una secuencia que ya es algo más que una serie de ocurrencias anómalas. Tomemos por caso los osos polares.

Eventualmente descubrimos que los osos fueron llevados a la isla por lo que en la serie de conoce como la “Iniciativa Dharma”.

En ese punto, un misterio desaparece y es reemplazado por otro (la pregunta ya no es “¿cómo terminaron ahí los osos?”, sino “¿por qué a alguien se le ocurriría llevar osos a una isla desierta?”).

El misterio, entonces, se mueve.

Pero, como puede verse, para que se mueva es necesario limitarlo, darle forma, llenar, al menos parcialmente, esos vacíos. Lo sorprendente de Lost es algo que, en rigor de verdad, ya había señalado Tinianov hace ochenta años: la narrativa de misterio es versátil.

En la medida en que se lo pueda mantener funcionando (y para mantenerlo funcionando, como demuestra Lost, no alcanza con generar vacíos, sino que es necesario un delicado juego entre saber e ignorancia) a él puede engarzarse cualquier tipo de relato.

El vacío que comporta un misterio hace que cualquier fragmento de una historia pueda resultar significativo.

Quienes seguimos Lost pensamos que seguramente las historias que se cuentan en flashback en algún punto deben encajar, de un modo que desconocemos, con lo que sucede en la isla.

Un misterio puede hacer encajar cualquier cosa, porque todo puede articularse un poco más adelante.

La única condición es que el misterio siga siendo interesante. La escala del misterio en Lost, su condición metanarrativa, su extensión y mutación, el vasto arco de historias y géneros que permite articular hacen a la serie sorprendente y adictiva.

Y eso siempre es de agradecer.

Ezequiel De Rosso