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Número 23

Milis
Chamán

Milis es enorme, peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, como si no tuviera huesos.

Mucho más linda que Platero y que todos los otros animales imaginarios.

Más linda que la cucaracha en que se convirtió Gregorio.

Más linda que Nemo, que Tornado, que Rocinante.

Así es ella, la perra que Majita encontró en la calle hace mucho tiempo.

Ahora vive conmigo, yo la cuido.

Majita no sabe si tiene seis años, siete o menos, cuatro por ejemplo, o dos.

Pero lo cierto es que se trata de una perra medio viejita ya, baqueteada por el fluir de los acontecimientos y los días.

Camina poco, corre poco, lo que le gusta en la vida es estar tirada, dormir, comer hasta desmayarse.

El Ponchi juega con ella, pero no consigue hacer que se mueva.

Juegan quietos, cosa rara en él, que está siempre listo para el vértigo, para la velocidad.

A veces le pone hebillas en el pelo o collares o la convierte en un caballo para pasear por el living.

A veces la obliga a mirarlo mientras él pasa niveles en la Play.

A veces le da charla, le cuenta historias del colegio o de sus programas de tele favoritos.

Para verle los ojos le corremos un poco el pelo.

Es tan peluda -y suave y enorme- que parece un muñeco, un peluche.

Parece Alf.

El Ponchi la mira a los ojos y le dice “Milis, querés jugar a la pelota conmigo”, pero no obtiene respuesta, por eso se apodera de sus orejas y le habla, le dice “¿jugás o no?”.

Una tarde conseguimos que participara de un loco.

Él y yo la gambeteábamos y ella nos perseguía para sacarnos la pelota, lo cual es difícil, a nosotros nadie nos puede sacar la pelota.

Tenemos mucha agilidad.

Cuando se cansó buscó un pedazo de patio soleado y se quedó ahí, agotada.

Según cierta enciclopedia china, los animales se dividen en: (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper un jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.

No sé en qué categoría ponerla.

En el punto (i) seguro que no, tampoco en el (n) y mucho menos en el (k).

Si tuviera que incluir al Ponchi, en cambio, casi no tendría dudas.

O tal vez sí, estoy entre dos.

“Que se agitan como locos” o “que acaban de romper un jarrón”.

Así sería, me parece.

Una cosa intermedia, combinada: “que se agita como loco y acaba de romper un jarrón”.

Ahora los miro dormir.

Duermen abrazados, en la misma cama.

Enormes, suaves, peludos.

Ariel Bermani