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Número 23

El crimen nunca paga
Metamorfosis

¿Cómo hacían los villanos de las series de televisión de los años 60/70 para conseguir secuaces? Hombres vestidos iguales, a veces con máscaras, dispuestos a recibir una tunda de parte de superhéroes o simplemente “buenos” que en inferioridad de condiciones los vapuleaban mientras sus jefes huían.

¿Cómo hacían los secuaces para tener una vida normal, llevar sus hijos al colegio, festejarles sus cumpleaños, jugar al fútbol 5 o ir a cenar con sus amigos si se pasaban todo el tiempo en las guaridas esperando a dar el gran golpe o a que algún comedido aliado de la ley los sorprendiera, los amasijara a palos y los entregara a la policía? Asistentes del Guasón que se caen al compás de onomatopeyas gigantes; ayudantes de los malos de las películas de Bruce Lee proclives al desvanecimiento por manotazo en la parte posterior del cogote; el equipo de carreras automovilísticas de Los Acróbatas en el dibujito de Meteoro engrosando estadísticas espeluznantes de accidentes de tránsito; dotaciones enteras del ejército alemán en la serie Combate campeones post mortem de salto en alto y largo después de una explosión; indios malos de El Gran Chaparral especialistas en morir varios de un solo tiro.

Muertos, heridos, magullados, deshonrados, sin jubilación ni ART, no constituyen, sin embargo ejemplos de lo que no debe imitarse. Nuevos villanos vuelven a encontrar secuaces tentados con un futuro lleno de nada.

Porque si el Pingüino tomaba Ciudad Gótica no premiaba a uno de su troupe con el Ministerio de Hacienda, buscaba personajes con mayor proyección.

Así es la vida del secuaz y aunque parezca increíble hay toda una caterva de gente que nace para recibir golpes y eventualmente terminar en la cárcel. Jamás ha llegado el momento de gozar del reparto de los botines obtenidos en sus fechorías, ni de independizarse y poner un maxikiosco o una Pyme.

De los billetes con que los villanos encendían sus puros no pudieron llevarse más que las cenizas. Acaso tampoco les interese o ya lo sepan, pero hay que decirlo porque está a la vista: el crimen nunca paga. a Madonna

Roberto Gárriz