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Número 21

En bici

Entre el lunes y el viernes, empiezo así: me levanto 6 y media, me cepillo los dientes sin mirarme en el espejo del baño, me pongo la ropa del día anterior, saco la bici del balcón y salgo.

Cruzo el viejo puente de Avellaneda y llegó a Barracas a las 7 en punto.

Espero hasta que el Ponchi, medio dormido y de mal humor, baje -siempre con los pelos parados-.

Le está creciendo, el pelo.

Mucho, rubio, salvaje.

Arranco.

Vamos hablando, por el camino, de las cosas que más nos gustan.

Él, de motos y de coches.

Yo, de fútbol.

Llegamos a la escuela a las 7:50 o a las 8.

Antes de despedirnos él me pregunta, en general, si tengo dos pesitos para darle.

Para sus vicios.

Si tengo, le doy Lo busco en bici, también, a la salida.

Ya se acostumbó a viajar en el caño, a que le revuelva los pelos mientras manejo, a que conversemos a los gritos porque vamos a toda velocidad, esquivando coches.

Una vez, un domingo, hicimos varios kilómetros, probando calles poco transitadas.

Arrancamos en Avellaneda y terminamos mirando el río podrido, en la reserva ecológica.

En el camino cruzamos un pedazo grande de Barracas, de La Boca, del microcentro, de Puerto Madero.

Salimos a las diez de la mañana y descansamos, finalmente, sentados en las piedras de la Reserva, a las seis de la tarde.

Ni siquiera habíamos comido.

Nos mantuvimos a Coca fría y después tibia y después casi caliente, calcinada por el sol.

Fue lindo estirar las piernas, acostarnos boca arriba sobre el pastito, mirar el cielo.

Cada tanto nos acordamos de ese día.

Volvimos a casa como a las once de la noche.

Todavía hacía calor.

Ni siquiera nos bañamos.

Tampoco tuvimos las fuerzas necesarias para jugar un rato a la pelota.

Nos dormimos así, sucios, vestidos, felices. El Ponchi dice que cuando cumpla dieciocho yo tengo que comprarle una moto, roja.

Grande, ancha.

Me va a llevar en esa moto.

Será él, con sus pelos ya domesticados, metidos en el casco, el que se ocupe de todo: esquivar coches, perros, peatones imprudentes, pozos.

Seguro que vamos a repetir el viaje que hicimos aquel domingo, pero en moto va a ser más rápido.

No creo que nos lleve todo el día.

Ariel Bermani