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Número 20

¿Nunca te miró una vaca de frente?

Hace dos o tres semanas que estoy pensando mucho en Miguel Abuelo.

Sus discos, su vida, su estilo, su muerte.

No sé bien cómo volví a él, después de tantos años.

Tal vez la magia de Internet tenga mucho que ver con esto -la cantidad de música que uno puede bajar en cuestión de minutos-.

Tal vez la edad.

Tengo 40, Miguel murió a los 42.

Hablé de esto con el Ponchi y le hice escuchar algunas canciones.

Le gustaron “La mujer barbuda” y “¿Nunca te miró una vaca de frente?”.

Traté de que se entusiasmara con “Buen día, día” pero le pareció un tema aburrido.

“¿Por qué dice tantas boludeces?”, me preguntó.

Revisando el material que acumulé me di cuenta que están por cumplirse 20 años de la muerte de Miguel.

“Hace 20 años que se murió”, le dije al Ponchi y él levantó la vista de su plato de capelletinis y me dijo: “Qué loco, sería re viejo ahora”.

Y también dijo: “¿No podemos hablar de otra cosa?, me estoy aburriendo”.

No le hice caso y le conté que se llamaba Peralta, de apellido, lo de “Abuelo” salió de una frase de Marechal, “abuelos de la nada”.

Que nació en Munro, que nunca conoció al padre.

Que a los 15 años ya estaba vagando por ahí.

Que estuvo 10 años dando vueltas por Europa.

Que tuvo un hijo y le puso de nombre Gato Azul.

Que lo echaron de la escuela en cuarto grado.

Eso le interesó al Ponchi.

Interrumpió mi relato para pedirme detalles de la expulsión.

Le conté que lo echaron por pegarle una trompada a la directora y que Miguel se defendió diciendo que ella le había pegado primero.

El Ponchi sonrió, se metió en el baño para lavarse y después de secarse las manos en la ropa me pidió escuchar de nuevo la canción de la vaca.

Sólo 42 años, vivió.

Cuando me cruzo con este tipo de información me da escalofríos.

Nadie sabe cuánto tiempo va a estar acá, pero hay que vivir como si fuera para siempre.

Compartí estas reflexiones con el Ponchi y él me djo que 42 años era un montón de tiempo, que la gente ya es vieja a esa edad.

Me acordé de Roberto Artl, que también vivió 42 y de Boris Vian, que se murió a los 39.

“¿Cuánto tiempo me quedará?”, me pregunté, en voz alta, mientras acumulaba los platos sucios en la pileta.

El Pochi escuchó desde el living y dijo que voy a vivir 200 años.

“¿Estás contento ahora?”, dijo y pidió que le contara otra vez la anécdota “del chico de la vaca pegándole la trompada a la directora”.

Me senté a su lado y quise besarle el pelo pero me sacó diciendo: “sin besos, nada de besos, Ari, no te pongas cargoso”.

Ariel Bermani