ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 19

El Ponchi, Majita y yo (continuación)

Admira a Messi y a Ronaldinho.

Ahora que tiene la Play su equipo es el Barcelona.

Por supuesto que sigue siendo fanático del rojo y sabe qué significan estos nombres –mis nombres-: Bochini, Bertoni, Outes, Bernao.

Además, claro, está pendiente de los goles de Agüero.

Pero admira a Messi.

Se la pasa tratando de imitar aquel gol maradoniano que el pequeño Lionel le hizo al Getafe.

Esquiva rivales imaginarios.

Practica mucho.

Alguna vez le va a salir igualito.

Siempre me gana, en la Play.

Su técnica es imposible de vencer, al menos para mí, por más que trate de distraerlo o que lo obligue a dejarse ganar.

Ni siquiera las amenazas funcionan. A ella no le interesa el fútbol.

Le gustan los libros, las historietas, los perros, el amor.

Se conocieron en casa, el Ponchi y Majita, un mediodía de fines de noviembre.

Lo primero que me dijo mi Ponchi cuando quedamos a solas fue: ¿por qué te gusta Majo? Y después, cuando se le pasó la ansiedad, me confesó que a él también le gusta.

Ella se portó bien, nos hizo hamburguesas –es vegetariana, comió tomates, creo, o algo con soja-, nos dejó hablar un poco de fútbol y en ningún momento me dijo las cosas que me dice siempre: ni pelado, ni viejito, ni profe.

Era mi alumna, antes de ser mi novia.

Por eso me llama profe.

Y yo la llamo “mi alumnita”.

La segunda vez que se vieron fue en una salida a los videojuegos de Lavalle.

Compré 10 fichas para cada uno.

Él hizo unos cuantos goles con el Barcelona y ella manejó un auto de carrera que todo el tiempo se salía de pista.

Después comimos pizza en Las Cuartetas.

Mientras masticábamos el Ponchi dijo que Majita no podía ser mi novia y ella le preguntó por qué.

Su respuesta fue contundente: Ari es muy grande para vos.

Lo miré con odio y le tiré un codazo suavecito, sutil.

Ella se rió y me acarició la pierna con su pie desnudo.

Estábamos sentados así: Él y yo pegados, ella enfrente.

Admira a Puig y a Girondo, mi Majita.

A veces escribimos juntos, en casa.

Me mira con esos curiosos ojos negros cuando termina un cuento o un poema y me pregunta si puede leer.

Le digo: “leé, nena” y ella lee con una voz bellísima y pausada.

Desde que sé que al Ponchi también le gusta trato de que se vean menos.

No quiero que me la robe.

Él es más lindo que yo.

Y más ahora, que se está dejando el pelo largo.

Ariel Bermani