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Número 19

Manuscrito inédito

Se despertó sobresaltado Juan José Saer.

En su sueño se había sabido muerto y eso no lo inquietó tanto como leer, mientras dormía, una noticia en la revista de cultura de un diario argentino que se convirtió en su pesadilla.

Leyó: “Temporada de inéditos.

Parece difícil superar el necro-record de producción del escritor chileno Roberto Bolaño, pero a no desesperar.

Recientemente apareció entre los archivos de Julio Cortázar un manuscrito del cuento Ciao Verona, inédito todavía a 27 años de la muerte del autor.

Y eso no es todo.

Desde la universidad de Vanderbilt, en Tennesse, donde han sido vendidos los archivos personales del escritor santafesino Juan José Saer, llega la noticia de que se ha encontrado un manuscrito también inédito titulado Importante.

El curador de esos documentos, Mr Alberto Giorno, Director del Departamento de Italiano de ese centro de estudios, ha negociado su publicación con la editorial Seix Barral y el hallazgo, que a manera de adelanto exclusivo reproducimos, será publicado en un volumen anotado por Gonzalo Garcés, con prólogo del ya mencionado curador y un estudio crítico a cargo de César Aira.

Quienes han estado en contacto con el manuscrito destacan el compromiso del intelectual con su época, como una continuidad de El río sin orillas pero acaso con mayor poder de síntesis, lo que brinda una fuerza adicional a sus ideas.

Utiliza la frase corta y directa, como tantas veces se ha dicho, un verdadero cross a la mandíbula.

Se refiere a lo ‘importante’ y su prosa busca la pureza, la zona limpia, impoluta del lenguaje y se transforma en una advertencia, y como no, también, en una denuncia contra los abusos propios de nuestro tiempo A continuación reproducimos en forma exclusiva y completa el manuscrito hallado que se convertirá, con toda seguridad, en el antepenúltimo escalón del corpus de este consagrado escritor: Importante: retirar saco tintorería ya está pago.” Se despertó sobresaltado Juan José Saer.

Ya se sabe por qué.

Se levantó, arrancó la nota manuscrita de la puerta de la heladera y, precavido, se la tragó.

Recién entonces pudo dormir.

Roberto Gárriz