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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 18

Restos de familia

Encontró un refugio donde faltaba intimidad, parecía ser una pensión cerca del puerto. En el cuarto contiguo se escuchaban las voces de los otros, los que parecían no haber intentado nada, los que dejaban que pasara la noche. Había japoneses, italianos y chinos, que pagaban un derecho precario a reír, a gritar juntos, a dejarse arrastrar por el deseo una vez separados. Recuerda, sentado en su biblioteca, aquella transformación de la naturaleza que volvió todo inalcanzable.

El crecimiento brusco de los árboles, los animales imposibles de atrapar. Los negocios donde se vendía comida custodiados por diversas fieras y, lo que es extraño, el lugar donde compraba el papel y la tinta estaba cubierto de arañas.

Imposible leer, imposible escribir. Pasó horas mirando el asfalto y las vías de los tranvías que luego desaparecieron arrasados por la labor de unos hombres de mamelucos rojos.

Mujeres en un ir y venir de tacos agudos y cuerpos agotados.

La noche, en el infierno, la lucha por el cielo, el final de la batalla, el enemigo que nunca había existido. El río, nuevamente el río.

El agua arrastrándolo, el ir y venir de mujeres, el tiempo, el olvido total.

Restos de familia. El sillón, el reloj, la biblioteca, las camas agrupadas, las paredes que filtraban voces: los japoneses, los italianos y los chinos.

Y la idea de que algo ocurriría, de que alguna cosa tendría que ocurrir.

Algo inexplicable. Estallará la casa. En el cuarto contiguo aún se escuchan las voces, el ir y venir de las mujeres y la lluvia de siempre.

No hay descanso para los que soñaron un mundo tranquilo, para los que vivieron por el futuro de sus familias, para los que esperaron que las cosas se arreglaran solas. Sentado en su biblioteca, sin papel y sin tinta, vuelve a leer lo que ha subrayado durante años en algunos libros que ya no valen nada. Los restos de familia, en las fotografías de un álbum, siguen presentes en esa eternidad que se diluye cada día.

Sitiado, sabe que es la hora del silencio.

Germán García