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Número 18

En busca de los lectores perdidos

Levántante y lee En busca de los lectores perdidos Hay escritores con métodos curiosos para buscar lectores.

Uno en mi barrio escribía con marcadores de colores sobre los afiches de publicidad.

Con una letra minúscula y apelmazada llenaba las carteleras, los tabiques de las obras en construcción, los cartones y cartulinas que encontraba por ahí, y garabateaba en cuanta superficie le viniera bien o mal. Hay quien escribe en la arena mojada mensajes que serán inmediatamente borrados por el mar Están los escritores de los aviones a chorro, tan concisos, tan marplatenses y tan comerciales, que escriben con humo blanco sobre el fondo celeste. Y están los que descubrí en mi visita, el día de todos los muertos a la capilla de un cementerio privado.

Allí encontré un libro tamaño libro de seguimiento de expedientes de oficina pública.

Tenía cientos de hojas blancas y estaba escrito casi hasta el final.

Me acerqué pensando que se trataba de una variante de las urnas donde hace años se depositaban las tarjetas de visita.

Por ese medio los amigos de las familias que sufrían la pérdida se enteraban de quiénes habían estado allí y recibían su ánimo y su cariño, según el caso.

Pero tamaño libro no podía cumplir esa función.

Intrigado, comencé a leer las últimas hojas escritas.

Eran mensajes con la fecha de ese mismo día.

Mensajes dirigidos a … (traté de adivinar) los deudos… no.

Intenciones para ser leídas por el sacerdote al celebrar misa….

no.

Mensajes dirigidos a los otros parroquianos para que oren por sus seres queridos… no. Eran mensajes para los muertos y decían cosas como “Fulano: hoy te traje las flores que tanto te gustan” o “Mengano: desde tu cumpleaños que no venía pero hoy…” o “Mamá, sos lo mejor que me sucedió en la vida”. Nadie puede asegurar qué pasa con los que yacen enterrados, si es que pasa algo.

Al respecto hay muchísimas teorías que no es mi intención discutir.

Puede que se levanten y anden, pero ¿que se levanten y lean?… y en el supuesto que lo hagan, ¿no es más probable que vean a la visita y escuchen lo que tiene para decirles? ¿Hace falta dejar constancia? ¿En qué pueden estar tan ocupados durante su eterno descanso? Sí, son raros los escritores en busca de lectores perdidos.

Roberto Gárriz