ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 18

Los mosquiteros
La gorda

Don Pancho Arriagada era el latin lover de la chacra.

Con frecuencia su Ford-A verde se sacudía debajo de los árboles, mientras el agua de la acequia fluía ensombrecida en su cauce distendido y brevemente sonoro.

Nacían sapos y mosquitos entre las piedras musgosas y los álamos mecían sus extremos altos desnudos de pájaros.

Era el capataz y quién le iba a decir que no.

Vivía criticando a los peones, se les reía en la cara si pedían algo de plata antes de fin de mes.

-Vas a tener que vigilar más a tu familia-les decía- mirá qué día somos y ya no tenés nada - y retomaba su andar cansino, la mirada tórrida y mezquina, inmerso en su imaginación tan repleta de mujeres que llegaba a abultarle la nuca debajo de la gorra.

Mi viejo se ocupaba de las máquinas, comía chocolate con pan y rumiaba política.

Don Pancho lo respetaba, también lo trataba con cierta burla pero nunca de frente.

A veces cruzaban alguna palabra y recién cuando se iba dejaba escapar una sonrisa secreta, se acomodaba la gorra y seguía caminando con las piernas curvadas, arrastrando los pies.

A nosotros nos miraba de lejos y siempre nos traía algún regalo, algún cerdito guacho, algún pollito que empezaba a romper el cascarón.

Siempre nos traía algo.

La tarde que a la noche vendrían los reyes, se apareció por casa y dejó un billete debajo del mate.

-Usté es un tarambana, Fermín -le dijo a mi viejo -.

A ese Franco que tanto odia, qué le va a hacer desde acá...

- y señaló para afuera, hacia donde estaban alineadas las vides bajas, leñosas.

Antes de irse se sacó y se puso la gorra unas tres veces y me empujó de un hombro hasta la puerta, casi sin tocarme.

Miré lo que ya estaba viendo, las vides alineadas, pero apuntó hacia arriba con un dedo tosco y anaranjado de tabaco.

Una luna chiquita se veía en lo alto del cielo.

El brillo, a través de la red del mosquitero, dibujaba una cruz blanca.

-Así que hoy vienen los reyes- me dijo y sonrió como cuando hablaba con mi viejo, en secreto.

Entrecerré los ojos y gracias a un astigmatismo celestial pude ver a los tres reyes magos emergiendo de la cruz de la luna, sus coronas doradas, engalanados con sus capas de colores.

Todavía se veían mal, estaban lejos de la tierra, lejos de la chacra y de mis skeepy, pero iban a llegar como a las doce.

Nora Martinez