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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 18

La combinación

“Otra vez el subte hasta las pelotas”, pensé mientras bajaba las escaleras en Plaza Miserere y veía el andén que rebalsaba de gente.

Antes de meter el Subtepass y perder 90 centavos, le pregunté a un guarda si había algún problema.

“No señora –me dijo-, lo que pasa es que sacamos cinco formaciones de circulación para su reparación, por lo que disminuirá la frecuencia hasta marzo que es cuando serán reincorporadas”.

Por cómo lo explicó era evidente que ya lo había dicho 20 mil veces y que de ninguna manera tenía la certeza de que fuera así: estaba repitiendo algo que le habían escrito en un papel.

Como queriendo sacarlo del discurso, insistí: “¿Pero cómo es que sacan cinco formaciones de circulación y no las reemplazan de alguna manera?”.

“Mire, se supone que en enero la gente no viaja tanto en subte”, pretendió explicar y se fue.

Tenía que llegar al trabajo a las 9.30 así que decidí subirme a la primera “formación” que viniera para llegar a hora.

Viajé apretada, torcida, chupando a mi pesar la espalda chivada de un gordo.

Hasta acá todo normal.

Lo raro comenzó cuando entramos en el túnel para hacer la combinación del A con el C.

Casi no podíamos avanzar, el pasillo parecía esta vez más largo que de costumbre y a cada paso se hacía más angosto.

En un momento apenas si podíamos caminar de a tres en fila, el propio túnel nos fue acomodando.

Tardamos unos cinco minutos en llegar a la altura del ciego que, como siempre, estaba con su tachito metálico al que a diario gusto hacer sonar con alguna moneda.

Se ve que el tipo me olió o algo porque atinó a prevenirme diciéndome al oído: “No avances, el túnel se achica más y más, y cuando los pasajeros van de a uno y ya no pueden salir corriendo para el otro lado se caen en un pozo que, dicen, tiene varios kilómetros de largo...

después no se sabe qué pasa...

Es que a esta altura del año no debería viajar tanta gente en subte y Metrovías encontró esta solución para descongestionar la red”.

No le creí, claro, y decidí continuar.

Efectivamente, el pasillo siguió achicándose.

Mi corazón se aceleró cuando me vi frente al hueco...

quise girar pero la presión de la gente me tiró adentro.

Todo se volvió oscuro y me sentí como aspirada por algo.

Habrán sido diez segundos o menos, cuando me quise acordar estaba de vuelta en Plaza Miserere, acomodándome la camisa, puteando y retrocediendo para tomarme el 5.

Llegué tarde.

Yanina Bouche