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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Número 17

Así

Nos miró a todos como quien termina de despedirse del último invitado a la fiesta y recuerda que todavía no retiró su abrigo; con la expresión del rostro de la gallina cuya cabeza está separada del cuerpo que aún camina y mueve las alas; similar a la que se pone después de sonarse, guardar el pañuelo y sospechar que algo quedó colgando de la nariz; como la de la señora que espera que deje de moverse en el suelo la última lata que integraba la torre que ella derribó con la cartera en el supermercado; la del prófugo que en la fila de migraciones a punto de salir del país descubre que tiene el pasaporte vencido; igual que la del profesor que acaba de gritar pidiendo silencio a sus alumnos y detecta que el cuchicheo que continúa escuchando es el de su titular de cátedra con el decano de la facultad; como la del que desmemoriado por el alcohol despierta en un cuarto ajeno y ve, al rayo de sol que a su compañera rubia se le ha corrido la peluca y se le empieza a notar la sombra de la barba; parecida a la cara del que dos cuadras después de salir del banco se da cuenta de que le pagaron de menos; o el que escucha el disparo y no siente nada pero ve que una mancha roja crece en su camisa blanca a la altura del estómago; o la del que llega a su casa y encuentra a su esposa sentada en el living tomando el té con su amante (de él); o la del que no advirtió que se le corrió una ficha en el cartón y luego de gritar “Bingo” vuelve a su mesa sin premio mientras se reinicia el juego; la del matón a sueldo que despoja de sus documentos a la víctima inerte y descubre que no es el muerto que le encargaron; la del dandy experimentado cuya lengua registra que un incisivo central ha desertado en algún momento de la cena íntima; igual que el semblante del novelista que pone el punto final a su obra, se prepara a cerrar la computadora y recibe la traición en forma de cartelito con la leyenda “documento borrado”; o el comensal que ni bien mastica enérgicamente recuerda que el mozo lo previno acerca de que su plato era muy picante.

Así nos miró a todos, y saltó.

Roberto Gárriz