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Número 9

Alguna de las cosas que me gustan de él

Me gusta que diga patético.

No creo que sepa exactamente qué significa esa palabra pero seguro que tiene una vaga idea.

Esto es patético, dice.

Vos sos un padre patético.

La escuela es patética.

Lo dice marcando la primera “t”, cargando de énfasis la vocal acentuada. Me gusta verlo correr detrás de la pelota.

Corre desarmándose, medio ladeado.

Me gusta cuando trata de hacer jueguito y enseguida se queda sin nada, pateando el aire, enloquecido.

Enojado, la cara roja, las gotitas de transpiración. Me gusta cuando me dice papá.

También me llama Ary, por supuesto.

En general todos me llaman Ary, pero a mí me encanta que él me diga papá. Me gusta cuando come con las manos y deja todo engrasado, la ropa inmuda, el piso cubierto con restos de comida, el agua bajando del mantel, chorreando por el piso.

Siempre se le cae el vaso, no hay manera de evitarlo. Me gusta cuando trata de hacer la vertical y queda doblado, sin llegar a tocar la pared con los pies. Me gusta que hable sin la “r”, es una letra que se le escapa, que nunca llega a pronunciar. Me gusta que diga “escursiva”, en lugar de “curs Me gusta cuando prende mi máquina, la conecta a Internet y abre mis cuentas de mail para que yo revise todo rápido y lo deje a él, en paz, colgado en la web, buscando páginas de juegos y videos graciosos.

Me gusta que se ría con los videos graciosos. Me gusta cuando me oye llegar y me recibe en la puerta de casa y me pregunta ¿te fue bien hoy?, ¿trabajaste mucho? Y yo le respondo que me fue bien.

¿Y a vos, Ponchi?, le pregunto.

Y él dice a mí también me fue muy bien. Me gusta verlo bailar.

Me gusta cuando canta -cuando canta está feliz, me lo explicó hace un tiempito-.

Me gusta que sepa defenderse y que no se deje maltratar.

Me gusta que mire la tele con la boca abierta.

Me gusta oír plaf, pum, crac cuando hace pelear a sus Power, a su Hulk, a su Hombre Araña.

Me gusta que corra alrededor de la mesa después de la cena.

Me gusta viajar con él en colectivo.

Me gusta que nos acostemos en su cama para conversar y para leer.

Me gusta ganarle al ajedrez y perder al metegol.

Me gusta llevarlo de la mano por la calle, comprarle golosinas, espiarlo cuando juega con otros chicos.

Me gusta saber que mañana, cuando vaya a despertarlo dándole besos en el pelo y acariciándole la cabeza, él me va a decir que no sea patético.

Así me va a decir: no seas patético, papá, dejame dormir. Me gusta dejarlo dormir.

Duerme boca abajo.

Abrazado a la almohada.

Sin pijama, ni remera.

Con el calzoncillo de Bob Esponja, que es uno de sus calzones favoritos.

Ariel Bermani