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Número 16

Por la vuelta

Después de aquella tarde en la que Betty salió de la Biblioteca con sus miniaturas bajo el brazo, la perspectiva de su vuelta nos dejo a todos en vilo y casi sin ganas de atender a los muchachos que por esos días desplegaban su simpática ignorancia en la Sala de Lectura.

Cuando la cuestión ya casi nos sacaba de quicio, y mientras tratábamos de evitar cualquier comentario acerca del tic nervioso con el que el referencista constataba el funcionamiento del teléfono, Betty abrió la puerta de calle, con una sonrisa misteriosa y un nuevo corte de pelo.

Los socios más viejos y avispados disimularon la sorpresa hundiendo las cabezas en los libros y cada uno de nosotros saludó con alegría contenida a nuestra amiga, seguros de que todo volvía a la normalidad. Unas horas después, agachadas las dos frente al anaquel de los diccionarios que nunca tocamos, Betty me dijo en un susurro la frase que todavía resuena en mi cabeza y que repetí después mil veces frente a todo el personal: “Tuve como una iluminación, como una especie de claridad, como que de repente se acomodaba todo.” Y a continuación, con una agilidad desconocida, se puso de pie y me dejó mirando desorbitada el detalle de sus zapatillas sin cordones, que habían suplantado sin aviso a los consabidos tacos chinos de color crema.

Después de eso, no quedó mucho por explicar ante la salida elegante y un poco displicente con la que Betty nos ha dejado abandonados desde hace tres días, con un contestador que repite que se encontró a sí misma y que es mejor que no la busquemos.

Parece ser que de fondo, como si alguien le estuviera susurrando el parlamento, se escucha decir que Betty le va a poner el cuerpo a algún asunto y que no es posible por lo tanto estar en dos lados a la vez, ni siquiera consigo misma.

Por ahora, los suspiros con los que alternamos el té de la mañana, nos sumen a todos en una espera silenciosa e intuyo que el semblante amarillento del referencista se debe a no poder saber a ciencia cierta si Betty ha salido a buscarse, o si ya se encontró, y es por eso que no está en nuestro horizonte.

María Martha Gigena