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Número 16

Yo lo había escrito

Yo lo había escrito.

Le juro que lo había escrito.

Pero el perro, el maldito perro se lo comió.

Si bien tenía otra copia, me resultó mas interesante lo que salió del perro que lo que había entrado.

Y pensé en mandarlo, pero en ese momento se me ocurrió la idea de que, si realimentaba al animal con lo que él había generado a partir de lo que yo había generado, el producto resultante sería mucho mejor.

Y de hecho lo fue.

Fue mucho mejor que lo que yo había escrito al principio, y superaba notablemente a lo que había sido procesado sólo una vez.

Pero mientras leía el resultado se me ocurrió que si hacía pasar una vez mas al texto por el perro, éste (el texto) sería infinitamente mejor.

Y ahí se me hizo necesario adoptar un criterio para determinar cuantas veces debería “canizar” el texto para obtener el mejor texto jamás escrito.

Consulté diversas fuentes en internet determiné que ese número es doce para perros caniches y cuarenta para perros de otras razas.

Emprendí entonces la tarea de reciclar el escrito hasta alcanzar el número óptimo (Sultan es un collie).

Fui notando cómo la historia que se trataba al principio de un director de cine que pierde la vista justo antes de comenzar a filmar una película se convertía en la de un jugador de ping pong ingles.

Pero el ping pong dio lugar, al cabo de un par de pasadas, a la de un músico de jazz admirador de Django Reinhart, para luego convertirse en las memorias de un escritor maduro al cual sus personajes vienen a reprocharle cosas, historia que a su vez se convirtió en la de un hombre que es despertado en el futuro, en medio de una increíble revolución.

Alta fue mi sorpresa cuando leí la historia de una republica bananera en manos de un dictador judío y estadounidense.

Y eso era recién en la pasada número treinta.

Aun me faltaban diez pasadas para llegar al texto óptimo… pero Sultan no aguantó.

Me miró fijo, puso un gesto duro y cayó muerto.

Mi pena fue tremenda, pero me pareció que lo menos que podía hacer era tratar de recuperar ese texto.

Con todo el dolor de mi alma introduje el cuchillo entre las costillas de Sultan, pero sólo pude sacar algunas frases sueltas como “…cambiaba su forma de acuerdo a lo que tenía alrededor” o “…en una entrevista con Leonard, la doctora Fletcher logró….”.

Mariano Quintero