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Número 16

Fierro en fotograma

Hoy vi por la calle un afiche que anuncia el estreno próximo de la película Martín Fierro, cuyos dibujos estuvieron a cargo del recordado Roberto “Negro” Fontanarrosa.

Me quedé un rato parada frente a la marquesina, pensando a quién le está dedicado el homenaje: si a Hernández, al gaucho o al canalla más famoso de estas tierras cisplatinas.

Aún no encuentro la respuesta, pero sí al menos un tema para que el editor de esta revista no me sancione haciéndome escribir una nota sobre las nuevas tendencias en Palermo Queens (ex Villa Crespo), de las cuales estoy bastante al margen, como se imaginan los lectores. Que el poema gauchesco llegue a la pantalla grande convertido en dibujo animado tiene sus ventajas: que el libro salga de la mesa ratona, si es de esas ediciones con tapas de cuero y dibujos de Castagnino; que baje del último estante de la biblioteca donde comparte polvo con Raucho de Güiraldes y Una excursión a los indios Ranqueles de Lucio V.

Mansilla; que deje de ser soporte de la pata de la cama, lugar que le fue adjudicado azarosamente una noche mientras se miraba alguna serie de Warner Channel; y, claro, que la gente vuelva a leerlo, aunque sea para saber de qué se trata “la peli”. Más allá de las lecturas políticas que puedan hacerse al respecto, la iniciativa de masificar un texto pensado para las masas (paradojalmente convertido con los años en un objeto de culto anche no de cultura) no está nada mal.

Pues –como decía Fierro- son dichas mis desdichas,/las de todos mis hermanos;/ellos guardarán ufanos/en su corazón mis historia;/me tendrán en su memoria/para siempre mis paisanos.

Tal vez no se genere en este caso la efervescencia que provoca el estreno de la última Duro de matar, pero intuyo que varios probarán las confortables butacas de los megacines para escuchar algunos de los consejos del Viejo Vizcacha o para ver al gaucho conmovido contar la muerte del Sargento Cruz, verdadero “amigo de fierro”.

Por otra parte, que las nuevas generaciones sepan que José Hernández no es solamente una calle del barrio de Belgrano o un premio de APTRA tampoco es poca cosa, ¿verdad?

Vanesa Pafundo