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Número 15

El templo Shao Lin de mi madre
Escenario

Jorgito me había prestado su capa de Superman (en realidad se la había olvidado abajo del banco y yo, en lugar de correrlo, me la lleve a casa, para poder jugar el fin de semana).

Cuando llegué, mi madre me miró como enojada.

Yo, asustado, me apure a aclarar mi inocencia ante el casi obvio delito que mi capa delataba.

Sin embargo, ella me obligó a sacarme la capa diciendo “¿para que queres imitar a ese mierda de superman? ¿Qué hizo ese idiota para tener esos poderes? Nada, nació así.

Vos ya naciste y poderes no tenes…¿y que significa eso? ¿qué nunca los vas a tener? Porque naciste sin saber hablar, y creo que ahora te las arreglas muy bien para decir pelotudeces”.

Después me arrancó la capa y empezó a golpearme severamente al grito de “para ganar algo, primero vas a tener que sacrificarte, pedazo de mierda”.

Ese recuerdo de mi madre, afloró esta semana cuando por casualidad, llegó a mis manos una copia de una película de 1978 llamada “Shao Lin san shi liu fang” (traducida como “Las 36 cámaras del templo shaolin”).

En dicha película, la familia de San Te (interpretada por el genial Chia Hui Liu, mas conocido por haber interpretado a Pai Mei en Kill Bill Vol.2) es asesinada por el régimen dictatorial que se instala en un pequeño poblado chino.

San Te logra escapar y llega, mal herido al templo Shao Lin.

Una vez que se recupera pide a uno de los monjes del templo que le enseñen Kung Fu.

El monje le informa que existen en el templo treinta y cinco cámaras, siendo la uno la mas avanzada.

Ansioso el joven le pide al monje empezar por la mas difícil, y éste acepta.

Al entrar a la cámara uno, se encuentra con que en esa cámara se están trabajando cosas de filosofía budista extremadamente avanzadas, que él no consigue comprender.

Decepcionado, San Te es enviado a la cámara treinta y cinco para comenzar su entrenamiento.

A fuerza de perseverancia, el joven entrena día y noche, hasta lograr superar las pruebas de las treinta y cinco cámaras en tan sólo cinco años.

Pensé entonces en la indignación de mi madre al verme idolatrar a un “héroe nacido en cuna de oro” y comprendí la lección que intentó darme.

Gracias madre por tus enseñanzas.

Mariano Quintero