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DOMICILIO DESCONOCIDO

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Numero 1

Y valeria abrió

Valeria llegó a su casa cansada.

Se sirvió una cerveza ligera y abrió Pink Floyd.

La llave en la cerradura la sacó del clima.

Llegaba Andrés. - Tenemos que hablar -subió él. - Ya lo sé.

¿Entorno la música? - Cómo no. Valeria y Andrés llevaban diez años engomados.

Algunos tiempos habían sido más fósiles, otros menos y otros tantos, bastante felices. - Sabés qué pasa, Valeria, estoy cansado de amasar rutina con vos.

Hace tiempo que no tengo espacio para hacerme. - No te entiendo, Andrés.

¿Podrías ser más redundante? - Digo que me embalsama el vínculo. - Pero estamos bastante igual que hace un tiempo... - No sé cómo estamos, Valeria, yo te digo como estoy, que es un montón. - Por ahí, si arrugamos ahorros y nos vamos de viaje, desarmamos y listo...

-propuso ella. - No quiero desarmar con vos, quiero armar.

Y sin vos. - Sos inminente.

Prendeme -Valeria le enfrentó un cigarrillo-.

¿Y qué querés armar, si se puede entender? - No sé.

Pero es mío. - ¿Entonces yo qué tengo que ver? Por mí, armá lo que quieras. Valeria suponía que si lo que Andrés quería armar no le pertenecía a ella, entonces nada tenía que ver su presencia, claro, pero tampoco su ausencia. Alejarla, era un problema que él solía plantearse siempre que no sabía qué hacer.

Y por abocarse a solucionarlo, se olvidaba de armar lo suyo. - Lo que quiero -continuó Andrés- es que veas cómo me estoy yendo. - Te veo, te veo.

Lo que no veo es que vayas a volver. - Es seguro que no, pero quién sabe. - Lo seguro es que si volvés no te dejo entrar - remontó Valeria. - Tengo llave. - Pongo la traba. - Toco el timbre. - No abro. - Toco el timbre. - No abro. - Toco el timbre, toco el timbre, toco el timbre. - Bueno, abro.

Cómo estás y qué querés. - Vengo a lavar la ropa. - No te hubieras molestado, te agrade... - Vengo a lavar MI ropa -la interrumpió. - ¿Cerraron todos los LaveRap del mundo? - quiso saber Valeria, porque por ahí había paro planetario de lavanderías.

De otra forma no se explicaba el regreso. - Sí -dijo Andrés y puso el jabón en polvo en el compartimiento del suavizante. - Dejame que te ayude -se solidarizó ella-.

¿Me extrañás? - Bastante.

No puedo armar nada sin vos. - ¿Te comiste una reversa o qué? Yo no sé qué querés armar ni por qué, no cuentes conmigo para eso - hizo una pausa y siguió-.

Yo también te extraño. No hablaron un rato más.

Después, Valeria colgó la ropa y apagó el cigarrillo.

Un minuto más tarde Andrés decidió que todo iba a ser distinto. - ¿Qué te parece si arrugamos ahorros y desarmamos un viaje? - le dijo. - Ahora no.

Estoy armando -taladró Valeria. - ¿Me voy? - No hace falta, no estoy armando con vos per tampoco sin. - Me voy. - No hace falta. - Me voy pero voy a volver a tocarte el timbre. - No te abro. - Tiiiiiimbreeeeeeee! ! !! ! ! ! !! !!! - No te abro, Andrés.

Entendelo: ya no hay nadie. Después Valeria abrió, pero abrió Pink Floyd y se sirvió otra cerveza ligera.

Yanina Bouche