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Número 13

Lectura complicada

Che, Rolo, no le encuentro la vuelta al embriague del Audi del tordo.

Ñargá el matienzo y dame una mano.

- Sos una bestia, Pocho.

¡Ya te expliqué que no se dice “embriague”! ¡¡Se dice embriaye, em-bri-a-ye! ! ¡Animal! Hay que hablar bien porque nosotros trabajamos con gente de categoría, ¿entendés? - ¡Ay, bueno! ¿Sos medio puto vos? ¡Tomateláaaaa! - ¡Qué boludo, mi Dios! Dejate de decir giladas y pasame el coso que me cago... - ¿Qué coso, Rolo? Expresate bien, viste... - El coso ese, Pocho.

Ese que es delgado y casi transparente.

El de borde desprolijo en la parte inferior, allí donde despeinadas sus minúsculas hebras blancas parecen penachos de abubillas.

El que bien podría ser obra de una diminuta hada urdidora que, con la precisión de un cirujano, hubiera tejido microscópicos hilillos entre sí, dejando apenas espacio para el aire; pero que, sin embargo, parece respirar profundamente de tan liviano y poroso.

Hablo de ese, que está surcado por pequeños bajorrelieves y que en su entramado deja vislumbrar dibujos geométricos.

Son rectángulos de menos de un milímetro que, unidos, forman una pared sin intersticios pero no por ello menos sutil.

-Ya sé, Rolo, no digas más.

Vos hablás del que está estriado.

Del de materia maleable que suele poseer pequeños frunces verticales y oblicuos consecuencia, tal vez, del roce de un suspiro.

Del que se percibe una suma de delicadas y níveas líneas horizontales.

De ese fragmento de nube que es y no es sólido, es y no es etéreo.

El que es volátil, ligero, apenas palpable.

Hablás de aquel tejido infinito y sin costuras, bien terminado mas sin terminación.

Que en cada centímetro agrupa un sinfín de perforaciones parejas, semejantes. - Semejantes sí, Pocho, pero nunca iguales.

Yo te pido aquel cuyo bajorrelieve repetitivo está, a su vez, a veces más hendido.

Son heridas, puntos hechos a presión, pozos en línea que forman lo que parece una fila de ínfimos insectos zigzagueantes que lo cruzan a su ancho, de izquierda a derecha y en diagonal.

Una, dos, tres, cuatro columnas de pulgas blancas ascienden sin tocarse en un camino sólo interrumpido por la llegada de columnas de idénticas hendiduras-pulgas que van de derecha a izquierda... - Por eso, Rolo, el coso de hendiduras-pulgas, claro...

Si te entendí, lo que pasa es que no hay más.

Algo para leer sí, ves, eso puedo darte.

Llevate el Ulises, nomás. - ¡Joya! ¿Está en inglés, no?

Yanina Bouche