ODRADEK.COM.AR

DOMICILIO DESCONOCIDO

Buscar: Ingreso de usuarios registrados en RespodoTodo
 

Número 2

Tradiciones

Cuando Shutsai pase los dieciséis otoños su madre deberá buscarle un pretendiente.

Así sucede con las niñas tratándose de la tercera hija mujer.

Las dos primeras, en cambio, pueden elegir libremente y ya lo han hecho. La madre de Shutsai es la encargada de velar por el cumplimiento de esta tradición.

para no deshonrar a la familia entregando una esposa que pudiera ser repudiada, la enseña a diario en el cumplimiento de sus futuras obligaciones conyugales.

La ausencia del padre de la familia ha duplicado las responsabilidades maternales para con la menor de las hijas. La jornada de Shutsai empieza muy temprano.

Antes qu e salga el sol la niña se encarga del aseo del hogar.

Unas horas más tarde la morada debe encontrarse libre de toda impureza.

Es entonces el momento de preparar el desayuno para su madre.

Dispone en pequeños cuencos un riquísimo tsurenaku con unas tiritas de medama para realzar e l sabor.

En un platito aparte sirv e cuatro nagaruru recién cortados que acompañ a con una hamaguri redonda que utiliza solamente como decoración.

Una taza de akikaze y un vaso de agua tibia.

Después del desayuno le proporciona a su madre una sesión de masajes kagiri energizantes.

La ayuda a vestir, le acomoda el peinad o coronando su cabeza con un monohoshi pequeño. Es entonces cuando comienza la instrucción específica.

Shutsai se dedica a las tareas en el jardín bajo la dulce supervisión de su madre que sigue atentamente sus movimientos a través del ventanal de la habitación del té donde se encuentra recostada. Cada hebra de pasto, cada arbusto y cada flor encierran un mensaje que debe ser descifrado sin prestarse a ambigüedades o falsas interpretaciones.

La mujer honorable pone en el cuid ado de su jardín e l mismo celo que en su propia honra.

Como dijo el célebre poeta Shiki: “Dime cómo crecen las plantas de tu jardín y revelarás el contenido más profund o de tu corazón.” Los preparativos de un almuerzo frugal que bien puede ser una sopa tsuma, una tarta con shiroku verde o amarillo, o una chikara agridulce, interrumpen las tareas de jardinería que serán retomadas a media tarde. Finalizadas las labores en la cocina, mientras la mamá de Shutsai descansa, ella se ocupa de la ropa, borda sus kimonos, zurce sus inazuma (y los de su madre, claro) cose sábanas, manteles y cortinas para su futuro hogar, y hasta pañuelos con monogramas imaginarios para s u futuro marido, de quien aún no conoce sus i niciales. Despierta a su madre con unos masajes ito relajantes, cubriéndole el cuerpo con ungüentos aromáticos y vuelve a trabajar en el jardín. Se entretiene preparando la cena de fi deos de odoroku o los más tradicionales otoshi-mishu pero fritos en aceite de calamar. Después de comer repasa las lecciones de urbanidad y la madre la alecciona co n amor en cuestiones íntimas, vinculadas a la zona más recóndita de los encuentros entre esposos. El día del cumpleaños número catorce de Shutsai su mamá no responde a la hora de despertarse.

El cuerpo sin vida es velado cuatro lunas y ento errad segdún el ritual establecio por los antepasados. Shutsai asistió con su tocado kuchitsuki y s u shitari en la gama del morado.

Volvió a su casa.

Se preparó un takotsubo (1) bien cargado y se sentó en la habitación del té frente al ventanal. (1) almizcle

Roberto Gárriz