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Número 12

Eran doce

ran doce.

Sin embargo, sólo logro recordar perfectamente a once de ellos.

De los once, sólo dos tenían la punta del pico verde.

Los otros nueve tenían la cola como abierta en dos partes.

Una parte era notablemente más abierta hacia el lado izquierdo que hacia el lado derecho.

Es posible que ese detalle se debiera al origen de las aves, ya que antes de tocar tierra atravesamos una gran tormenta, pero localizada en un radio de aproximadamente una milla cuadrada en forma de riñón, alargado en dirección norte-sur.

Durante la tormenta, los marineros parecían disfrutar al ver cómo los científicos intentábamos tomar nota mientras de nuestras bocas fluían aquellos alimentos que minutos antes habíamos ingerido, de manera mucho más violenta a como habían ingresado.

Entre los marineros se destacaba James Pitres, un hombre alto, de larga cabellera y extremidades cortas, al menos en comparación con el resto de los marineros.

Tal vez esa diferencia se debiera a que Pitres provenía de una región de Europa un poco más fría que el resto de sus compañeros.

Lejos de disfrutar el penoso espectáculo de los científicos, Pitres asistía a los más enfermos mientras el barco se sacudía ferozmente.

El resto de los marineros bebían y se mofaban de la triste suerte de los científicos.

Tres de ellos bebían directo de la botella.

Los demás bebían mucho menos, y lo hacían en pequeñas vasijas de madera o materiales similares.

Algunos bebían en vasijas de , tal vez obtenidas de civilizaciones primitivas visitadas en anteriores expediciones.

Pitres, en cambio, no tomaba vino como los demás.

Él bebía agua.

Tenía una pequeña botella que llenaba una y otra vez del dispenser que se encontraba en la cubierta del barco.

Y cuando la calma llegaba, los científicos dormíamos y los otros marineros yacían desmayados en el suelo, intoxicados por el alcohol, Pitres seguía bailando hasta pasado el amanecer, con los ojos entrecerrados, y su botellita de agua en la mano. * Fragmento inédito, atribuido por algunos a Charles Darwin en alguna de sus expediciones al sur Argentino.

Mariano Quintero