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Número 9

Lo que dejó la feria

D espués de cuatro meses de curso tenía que presentar la tesis para el doctorado en la EPT (Escuela de Periodismo Televisivo). Elegí el tema privilegiando mis intereses: el periodismo de investigación y las estadísticas.

La idea era investigar qué es lo que la gente se dejó olvidado en la Feria del Libro y luego compararlo con lo que se olvidaron en la exposición “Nuestros Caballos” que se llevó a cabo la semana anterior en el mismo Predio de la Sociedad Rural en Palermo.

Las conclusiones permitirían descubrir similitudes y diferencias entre uno y otro público. A mi director de tesis le pareció una idea interesante pero me alertó sobre ciertas dificultades que debería enfrentar.

Seguramente los registros de la oficina de objetos perdidos no consignaban los artículos devueltos, por lo que la investigación se limitaría a los objetos perdidos no reclamados.

También podía pasar que los objetos extraviados no llegaran a la oficina porque fueran encontrados por personas inescrupulosas que se los adueñaran inmediatamente, dejándolos fuera de mi estadística, lo que engrosaría una suerte de “cifra negra”.

De ser así, podría calcularse asimilándola a lo que sucede con los decomisos de estupefacientes o de dinero falso, que se dice que cada unidad que se incauta representa el 10 por ciento de lo que circula.

Diré, le dije a mi director de tesis, que cada objeto que se encuentra representa el diez por ciento de lo que se pierde, o al revés, como quede mejor.

Bien, pero también se podía sospechar que los funcionarios de la oficina de objetos perdidos no fueran del todo honestos y repartieran entre ellos aquello que debían reintegrar a sus legítimos y olvidadizos dueños. Ninguna especulación fue necesaria.

No existe tal oficina de objetos perdidos.

Lo que se encuentra queda en poder de la agencia de seguridad del predio, que jura que lo único que recibe son documentos personales de, por lo general, víctimas de punguistas o arrebatadores que aprovechan la afluencia de público para despojar de sus billeteras a los incautos.

Que luego los documentos son descartados y alguien los acerca al personal.

Que en ningún caso esas billeteras contienen dinero en efectivo y que muchas veces los perjudicados ni siquiera se toman el trabajo de recuperar sus identificaciones.

Me dieron una lista con los nombres de las que tienen en su poder a la espera de que sean retiradas por sus dueños. Con asombro de que existieran algunos que circulan por ahí despreocupados e indocumentados consulté la lista.

Eran: Helga Hauser, Isidro Parodi, Griselda Lombardo, Artemio Cruz, Emilio Renzi, Emma Zunz, Ernesto Esteban Etchenique, Carlos Bovary. Tiré la lista y pensé que el tema de la tesis podía ser una investigación sobre la factibilidad de que los cruceros de lujo que visitan el puerto de Buenos Aires recorran el barrio de Belgrano los días que caen más de 30 milímetros de lluvia.

Roberto Gárriz